jueves, 29 de marzo de 2012

FRONDIZI


Arturo Frondizi fue un estadista. Por eso sabía perdonar.  Perdonó a los golpistas que lo derrocaron y a los asesinos de su hermano Silvio. El que sabe perdonar es porque sabe a dónde va. Y quien es consciente del rumbo recto a nada le teme, deja de buscar enemigos en todas partes y descree de las teorías conspirativas. Porque, en definitiva, el que sabe perdonar en política conducirá a su pueblo por caminos de convivencia y libertad.

La doctrina de la integración que Frondizi nos legó a los argentinos todavía mantiene vigor y vigencia. Lástima que el apego a los mitos y a la demolición de la Historia (para someter el presente y sepultar el futuro) provoquen divisiones fratricidas.  El otro doctrinario de la integración, Rogelio Frigerio, decía que “somos hijos de la historia –de toda la historia- en su evolución permanente y le aportamos las consecuencias de nuestro propio ser”.

El 29 de marzo de 1962 la República abandonaba la experiencia de gobierno desarrollista que tanto reclamaban la racionalidad democrática y las condiciones objetivas del momento. Sin embargo, una vez más ganaron la mezquindad y el error.  ¿Acaso las desgracias actuales no comenzaron aquél día? El autoabastecimiento energético, el impulso a la industria pesada, el respeto a la diversidad política, la jerarquización de la ciencia y la educación, el 82% móvil para los jubilados, la Ley de Asociaciones Profesionales, la modernización de las comunicaciones, el desapego a métodos populistas, la relación madura con los Estados Unidos, el acatamiento irrestricto a la ley, la austeridad republicana…

Cincuenta años después del argentinicidio cometido por los ideólogos de la revancha y el atraso, la figura de Frondizi se engrandece. Sepamos inspirarnos en su ejemplo.

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