sábado, 3 de noviembre de 2012

Los tesoros azuleños de la Casa Ronco




Por Milena Heinrich

La Casa Ronco, que le valió a Azul la declaración de la Unesco como Ciudad Cervantina en 2007, y que gracias a ello celebra hasta el próximo 11 el multidisciplinario Festival Cervantino, alberga una colección de siete mil tesoros y rarezas editoriales del español Miguel de Cervantes Saavedra y del argentino José Hernández.
Ubicada en la calle San Martín de la ciudad bonaerense, la Casa Ronco -actual museo- es el lugar más apreciado por los azuleños; es que allí vivió el abogado y bibliófilo Bartolomé José Ronco (1881-1952), un apasionado coleccionista, cuyo patrimonio cervantino es considerado el más valioso fuera de España, lo que lo convierte en el más importante de Sudamérica.
Impulsor de la revista Azul, una publicación en la que colaboraron intelectuales como Jorge Luis Borges, Xul Solar, Alfonsina Storni, Roberto Arlt, Alexis Saint-Léger Léger y Roberto Lehmann-Nitsche, y sin dudas un obsesionado coleccionista a escala macro y micro, la figura de Ronco es la razón por la cual la ciudad cervantina está de fiesta.
Ejemplo de esa pasión, es la exposición que realizó en 1931 sobre el "Martin Fierro", la primera a nivel mundial, y la de 1932 dedicada al "Don Quijote de la Mancha", también la primera de este tipo en Argentina. Y todo gracias a su enorme biblioteca privada.
En esa antigua casa de más de 14 habitaciones, tres salas exhiben lo que fue la vida doméstica e intelectual de Ronco y su esposa, María de las Nieves Clara Giménez, la mujer responsable de que hoy ese antiquísimo espacio sea motivo de turismo y orgullo local gracias a la donación que realizó antes de su muerte a la Biblioteca Popular de Azul.
De recorrido por ese hogar, que reproduce una escenografía casi intacta de quienes la habitaron, el visitante pasea con igual asombro por el antiguo comedor (que incluye una puesta en escena con té y galletitas de la época) como por la biblioteca y el escritorio de esta familia del siglo pasado, que tras la muerte prematura de su hija dedicó tiempo completo a la cultura y la caridad.
En el estudio del abogado se amalgaman más de cinco mil libros que van desde la filosofía y el derecho hasta la poesía, con una doble característica que los enaltece aún más: la encuadernación realizada por Santa Nieves -como denominan los azuleños a la esposa- y el espacio que los aloja, una cuidada biblioteca hecha por las propias manos de Ronco.
Además, la biblioteca particular de Ronco guarda en una única habitación casi dos mil libros cervantinos y hernandianos, provenientes de sus viajes por Europa, Montevideo y Buenos Aires.
En esa biblioteca conviven unas 350 ediciones –que equivalen a 1200 volúmenes- del Don Quijote de la Mancha y unas 400 del Martín Fierro, que a diferencia del libro cervantino sólo lo compone un ejemplar.
A modo de epílogo de esta vasta colección, se exhibe la más antigua de las ediciones cervantinas que poseía Ronco: un cuidado ejemplar en castellano de 1697. Luego de su muerte, el escritor británico Julián Barnes donó al Museo la primera traducción al inglés de Thomas Shelton que viaja un poco más en el tiempo y llega a 1675, transformándola en la edición más antigua que alberga Azul.
De las rarezas cervantinas que recolectó, aparecen los libros más chiquitos del mundo editados en sólo dos tomos y con una legibilidad perfecta; como contracara, están los más grandes del siglo XX y del XIX, éste último ilustrado por el francés Gustave Doré.
Así también cautivan los ejemplares ilustrados por artistas como Salvador Dalí, Walter Crane, Walt Disney o J. Jiménez Aranda, quien a cada renglón quijotiano dedicó un dibujo.
Pero tal vez, las piezas más impactantes, y que Ronco encontró por pura casualidad, son la primera edición con grabados del artista de la Corte Inglesa (1739) y otro perteneciente a la Reina María Cristina de España (cuarta esposa de Fernando VII).
De la obra cumbre de Hernández, figura la primera parte del poema gauchesco con correcciones de puño y letra del autor; la primera edición de "La vuelta del Martin Fierro" con una dedicatoria fechada en 1879, entre otros tantos ejemplares traducidos en numerosos idiomas y láminas ilustrativas.
Bartolomé Ronco es una leyenda en Azul. Es que todavía nadie sabe -y tal vez ese sea el gran tesoro oculto de esta ciudad- el por qué de esa pasión por Cervantes y Hernández. "Es la pregunta del millón, nadie puede responderla. Su vida pública estuvo más ligada a las actividades culturales...", dice a Télam Eduardo Agüero, coordinador del Museo.
"Atinamos que ese amor está relacionado con los valores que encierran las dos obras. Si bien hay siglos de diferencia, hay cierto paralelismo: el hombre solitario, el hombre que busca el respaldo de un amigo, los consejos... el mundo hostil que los envuelve", resume.

Fuente: Télam

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