sábado, 22 de diciembre de 2012

UN BALÓN ENVENENADO




La compilación publicada por la editorial española Visor, con un enjundioso prólogo a cargo del propio editor Jesús García Sánchez y el poeta José Luis Montero, toma como título una frase futbolera que funciona como metáfora de lo impredecible: una pelota de trayectoria azarosa que lleva marcado su destino de red.

Dicha introducción repasa el tema en la historia: de la presión de Benito Mussolini a los árbitros en el Mundial de 1934, a la denominada "guerra del fútbol" en 1969 entre Honduras y El Salvador con miles de muertos tras la disputa de un partido entre selecciones de ambos países en la fase clasificatoria para el Mundial de México.

Asimismo, repara en un concepto descalificador -"rebaño"- usado cuando se coloca al fútbol, dicen, "en una misa laica" como la política y la religión, lugares donde "se establece la relación entre el yo y el nosotros"; y aclaran: "poner en duda la palabra `nosotros` significa renunciar a la comunidad, algo peligrosísimo porque eso lleva a entender la libertad como un valor antisocial".

En el fútbol no hay antagonismo entre equipo e individualidad: "Da gusto aplaudir al yo que se niega a disolverse en un todo, pero que necesita dialogar y definir su libertad en la convivencia".

Abunda en el libro textos dedicados a ídolos de distintas épocas -Pirri, Beckham, Zamora, Kubala, Pelé, Di Stéfano-; dos ejemplos: Benedetti escribe en Maradona: "Tu esperanza ya sabe su tamaño", mientras José García Nieto dice del otrora astro del Real Madrid, Jacinto Quincoces, "tu rostro envolverá los caramelos".

Leonel Messi cruza el campo en varias citas literarias, a modo de relampagueo: "Creo en la carnalidad del aire: Leo Messi", acota Manuel Vilas, mientras que los prologuistas certifican que cuando el astro argentino recibe la pelota: "se para el tiempo".    

El libro rescata una polémica mantenida en 1928 por dos grandes poetas españoles; de un lado Rafael Alberti, quien escribió su oda al arquero Franz Platko, considerándolo artífice del triunfo que llevó al Barcelona a ganar la Copa de la Liga Española en 1928, (un dato no menor es que en la tribuna del citado encuentro estaba Carlos Gardel).

Del otro, Gabriel Celaya, hincha de la Real Sociedad, quien replicó con una Contraoda restándole méritos al arquero húngaro, adjudicando la derrota al "barro, y las patadas, y un árbitro comprado".

Justamente sobre el rol del referí versa uno de los mejores textos del libro; fútboladicto, de Eduardo Galeano, quien afirma que el árbitro: "es arbitrario por definición… Su trabajo consiste en hacerse odiar…la multitud aúlla pidiendo su cabeza… Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él… Durante más de un siglo el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él".

Un balón envenenado incluye 64 autores de España, El Salvador, Argentina, Chile, Uruguay, Nicaragua, México, Perú, Colombia y Ecuador, y da primacía a la poesía por sobre los textos en prosa.

Entre los argentinos incluidos en esta compilación  figuran Leónidas Lamborghini, Horacio Salas, Baldomero Fernández Moreno, Manuel Mujica Láinez, Osvaldo Picardo y Roberto Santoro.

La inclusión del notable poema El Fútbol, de Santoro (secuestrado por la  dictadura militar en 1977), hace justicia a su trabajo en el tema; fervoroso hincha de Racing, el poeta  fue el coordinador  en 1971 de la  antología Literatura de la pelota, considerada pionera.

Entre otros trabajos de Un balón envenenado destacan Fútbol, del mexicano Antonio del Toro ("Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras/ llegaron al llano e inventaron el fútbol"), Anfield Stadium de Juan Bonilla ("Llevamos en la nuca la mirada de quienes no pudimos ser… con las manos hundidas/ en los bolsillos llenos/ de cosas que no pueden compartirse").

En Inventario de mis días, escribe Salas: "me angustio, resoplo, dramatizo/ a veces nombro a Sastre, a Dios, a Sanfilipo", mientras que en Partido, el español Alejandro Duque Amusco dice: "El cronómetro engaña: fuera del tiempo ocurre/ lo mejor de la vida".

Otro texto impagable es El tango de los once del colombiano Juan M. Roca, con pasajes como el que sigue: "El viejo entrenador dibuja en un cartón la memorable alineación de los fantasmas. Sabe que el portero de su equipo es un secreto que atrapa los frutos del vacío".

La pasión se expresa a través de himnos dedicados tanto a un club modesto -Miguel Hernández, de quien se incluye su Elegía al guardameta, es autor del himno del club La Repartiora, del que fue uno de sus fundadores- como a una entidad mayor; así Joaquín Sabina participa con su Himno al Centenario del Atlético de Madrid.

Un balón envenenado se suma a la larga lista de antologías sobre el tema, como las españolas El gol nuestro de cada día y Poesía a patadas, más las compendiadas por Jorge Valdano y Roberto Fontanarrosa bajo e mismo título de Cuentos de Fútbol.

Otras compilaciones interesantes publicadas en nuestros países y que abordaron el cruce entre fútbol y literatura, son Fútbol a puro cuento (Argentina, 1986), Cuentos para patear (Uruguay, 1990). Cuentos de Fútbol (Colombia, 1998) y Tiros libres (Argentina, 2002).

Fuente: Télam.

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Biblioteca Nacional reedita la obra de Rozitchner





El acto de presentación se realizó el martes 11 en el tercer piso de la Biblioteca Nacional, en la sala Juan L. Ortiz, y fue presidido por el director, Horacio González, acompañado por la directora del museo del Libro y de la Lengua, María Pía López, y por amigos y deudos del pensador fallecido en septiembre del año pasado.

Rozitchner, natural de Chivilcoy, nació en 1924; se graduó en La Sorbona, Francia, donde tuvo, entre otros profesores a Maurice Merleau Ponty y a Claude Lévi-Strauss; parte del grupo más radical de la revista Contorno, su formación de marxista heterodoxo lo obligó a exiliarse en 1976.

Entre los presentes se encontraban Alejandro Horowicz, quien se reconoció su discípulo; la dedicatoria de su tesis de grado, Las dictaduras argentinas, es para Rozitchner.

Ricardo Piglia también rescató el espíritu intransigente del homenajeado, y además de recordar su oposición al aventurerismo castrense, insistió que no eran menores sus discusiones con los psicoanalistas argentinos, en su opinión, demasiado versados en Jacques Lacan y poco en Sigmund Freud.

Permaneció en silencio Jorge Lafforgue, historiador de la intelectualidad argentina, acaso recordando que dos de sus mejores amigos, David Viñas y Rozitchner fallecieron el mismo año.
Freud y los límites del individualismo burgués y Freud y el problema del poder, son dos de los libros del ensayista, además de artículos donde reivindica la tradición judía del psicoanálisis contra la versión "cristiana" del lacanismo.

El sociólogo Eduardo Gruner, también en la sala, contó que las discusiones entre Rozitchner, que había leído, por la vía de Jean-Baptiste Pontalis, algunas cosas de Lacan en Francia, discutía sin descanso con Oscar Masotta, el gran difusor de ese autor en la Argentina y en España.

Los tomos que la BN ha puesto en la calle incluyen Filosofía y emancipación. Simón Rodríguez: el triunfo de un fracaso ejemplarMoral burguesa y revolución y Perón: entre la sangre y el tiempo. Lo inconsciente y la política.

Fue María Pía López la que dijo que el pensamiento del filósofo "la interpelaba, la molestaba", que "le costaba pensarlo" quizá por su tendencia al juicio terminante y a cierta obstinación que le reconocía pero que no era su estilo. "Y más cuando hablaba de Perón".

En efecto, Horowicz no descuidó la oportunidad para decir que "pensar al peronismo desde la psicología de las masas freudiana, era un acto de gran valentía intelectual", al punto que "todavía estamos en deuda con la herencia que nos dejó ese libro".

Por último, Horacio González invitó a la actriz Cristina Banegas a leer un fragmento del Simón Rodríguez... (Fuente: Télam).

martes, 4 de diciembre de 2012

MURIÓ DECIO PIGNATARI




El poeta, ensayista y traductor brasileño Decio Pignatari falleció a los 85 años en un hospital debido a complicaciones respiratorias y fue sepultado en la ciudad de San Pablo.
Pignatari, que falleció el domingo aunque su muerte trascendió este lunes en la prensa internacional, es reconocido como uno de los exponentes de la poesía concreta de Brasil, conjuntamente con los hermanos Haroldo y Augusto de Campos. Además, fue fundador de la Asociación Brasileña de Semiótica, en la década del 70.

Nacido en la ciudad de Jundiaí (estado de San Pablo) el 20 de agosto de 1927, Pignatari trabajó como traductor de obras de grandes autores de la literatura universal como Dante Alighieri, Goethe y Shakespeare, y es autor de la obra teatral Cielo de Lona.

"Su importancia no puede ser subestimada. Era una de las inteligencias más incisivas que ha tenido este país", afirmó a la agencia DPA el poeta Frederico Barbosa, mientras que el crítico literario Luiz Costa Lima opinó que, con la muerte de Pignatari, "se reduce el índice de calidad entre nosotros".

Para la profesora de literatura Noemi Jaffe, Pignatari nunca buscó la popularidad ni el reconocimiento de sus compatriotas: "Era la prueba viviente de que `el arte actúa en favor de la revolución y en contra del poder`".

"A los 85 años, Decio Pignatari se fue sin el reconocimiento que afirmaba no desear, pero que Brasil le sigue debiendo", escribió Jaffe, en un artículo publicado este lunes en el diario Folha de Sao Paulo.



Decio y una ingeniosa forma de criticar el consumismo.