lunes, 20 de mayo de 2013

POR EL INFIERNO SOBRE RIELES





"Bajé al infierno, lo conozco y en el libro lo cuento. No es locura senil, estuve ahí. Es horrible, es todo rojo. Y el diablo es un espanto, tiene diablas", anticipa Venturini a Télam sobre su último libro, que pronto dejará de serlo cuando publique Eva: Alfa y Omega, porque, aclara, "con ella empieza y termina todo".

"No le tengo miedo a los muertos ni a las almas, le tengo terror a las enfermedades; si hay agonía que sea errática. Sí, tengo miedo a lo demasiado enorme, a las películas con dinosaurios, a las figuras oscuras. A los papeles en blanco, a los espacios vacíos. Miedo al miedo, que sensación", revela sobre esos temores a los que da lúcida pelea desde "acá", mientras señala su cabeza que, advierte, "permanece intacta".

Pequeña y ligera como una hoja y de una inteligencia perspicaz, Aurora seduce a la vida después de una internación de tres meses, en la que convivió con enfermos terminales, "un ambiente muy hosco", como ella misma define. En plena recuperación —"me armaron el esqueleto de nuevo"— Venturini retomó lo que mejor saber hacer, escribir.

Así, dividió su tiempo hospitalario entre columnas para Página/12 y este libro (Mondadori), dictados a su asistente desde el momento que se sintió mejor: "Uno me dice «así que vo, so escritora», así me dice, le dije sí. «¿Vamos a escribir algo junto che?». Mirá, las puteadas que le mandé, después me quedé suspirando".

"Los rieles" son "los rieles de la vida", desliza Venturini. "Dicen que es lo mejor que he escrito", respira hondo y comenta: "Es un libro para gente que ha vivido". Sin embargo, un poco desconcierta, agrega: "a los jovencitos les gusta mucho".

La novela —en un tono tenue y tirante a la vez— arranca con el ocaso del infierno, el mundo de la muerte, para así dar paso a un cúmulo crudo de memorias de un pasado duro, "como la vida"; sueños truncos, debilidades, temores, odios, amores, deseos, sueños; el relato de instantes extraordinarios de su vida, la narración, ahí, en el límite entre la razón y la locura.

Y así, Venturini bucea por su pasado (desagradable y cruel pero irrepetible, como escribe en el libro). "No me acuerdo que mi madre me diera un beso —dice—. En casa fui muy perseguida por ser diferente. Mamá era maestra y nos cuidaba una nurse francesa que nos pegaba. Quería que tocáramos el piano y no podía porque era grande. Se lo conté a mamá, me dijo `está bien´".

En un vaivén por el tiempo, Los Rieles circula como destellos por sus primeros años en donde el sentirse distinta marcó el porvenir de lo que sería después ("todos eran intelectuales pero no como yo"); por la Universidad de la Plata donde estudió Filosofía y Ciencias de la Educación; por los encuentros tan secretos con el arte y la literatura.

Pero también por su militancia, el cariño con Eva y la lealtad a Perón; su amistad literaria con Borges ("un insecto aprisionado en una pared de hielo", describe) y su paso por la Francia existencialista de Sartre y de Beauvoir tras su exilio en el marco de la llamada Revolución Libertadora.

Si le preguntan a qué época volvería, Aurora no duda: a la Universidad. "Los exámenes los dábamos en público y a mí me gustaba que me escucharan. Trabajaba para pagar mis estudios, esa era mi meta. No tuve tiempo para hacer una reunión, tampoco iba a cumpleaños. Eso sí, era de las chicas más lindas", cuenta.

La platense coquetea con los años y no le gusta que revelen su edad, porque en definitiva "con el tiempo no se aprende mucho", dice tajante. "Siempre supe todo: de mi soledad, de estar sola. Y sabía que los justos y los buenos nunca tienen razón".

Criaturas malignas, personas para la memoria así como para el olvido, límites entre el sueño y la vigilia, la simbiosis entre la contemplación y la intimidad y confesiones que brotan desde lo más profundo se unen en este montón de relatos a carne viva que narran la existencia de su propia vida.

"«No estoy muerta», decía y me sacaba las vísceras para afuera porque no daba más", recuerda sobre su combate con el más allá la ganadora del Premio Nueva Novela Página 12 por Las Primas. Y confiesa: "Me reía mucho de Víctor Sueiro que se había ido al cielo con los angelitos. Es cierto, yo estuve pero en el infierno".

En Los Rieles, Venturini apela en forma constante al lector, a un lector que la acompaña a internarse en la médula del horror, del sentirse ya en la periferia de la vida, "si el lector no entra en el dolor que tenía no le iba a interesar", explica.

La autora de El marido de mi madrastra y Nosotros los Caserta, entre otros, también evoca a los hados, "en ese momento me abandonaron —sentencia—. Esos hados que me dieron la inteligencia, una capacidad exorbitante, una capacidad ahogante..."

"Lo que soy: escritura", condensa. Y, en esa batalla para permanecer un poco más, para dejar en claro en este mundo de la poeta que es desde sus cuatro años, Venturini asegura: "La única vez que no tengo miedo es cuando leo y escribo".

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