domingo, 29 de septiembre de 2013

EL PJ, UNA INSTITUCIÓN CONSTITUCIONAL


Por Horacio Enrique POGGI






Hablan con el lenguaje de los años 60 y 70, cuando predominaba la guerra fría (Oriente, la izquierda comunista; Occidente, la derecha liberal). Vivan a Perón y a Evita como si fueran la pareja gobernante. Leen a Cooke, a Jauretche, a Hernández Arregui, quienes jamás imaginaron la revolución tecnológica actual. ¿Cómo hacemos para dialogar con gente imbuida de estas categorías antiguas sin correr el riesgo de que nos acusen de que somos cipayos y vendepatria?

Han hecho de la militancia un medio de vida y dotados de un arsenal ideológico apolillado atacan a cualquiera que se anime a discutirles las verdades reveladas por una escuela revisionista que ya no revisa la historia, sino que la inventa y reescribe según la conveniencia del líder de turno. Ejemplos sobran.

Si algo tuvo Perón fue el don de la novedad. Lideró lo nuevo en los 40 y en los 70. Cuando los montoneros pedían la patria socialista, el Viejo hablaba de ecología y globalización. Pero ninguno supo comprenderlo. Se mataron en Ezeiza los que tiraban de la izquierda con los que tiraban de la derecha, y vicerversa, ambas sectas fueron cómplices del derrocamiento de Isabel que cambió el abrazo con Balbín por la Triple A de López Rega. Después se cansaron de culparse por la dictadura. Tarde para lágrimas.

En 30 años de democracia el Partido Justicialista se debate todavía entre los liderazgos circunstanciales y una institucionalidad de baja intensidad. En algún momento Jorge Asís dijo con sarcasmo que quería renunciar a la afiliación, pero no sabía a quién presentarle la renuncia.

A pesar de todo, el sello del PeJota sigue siendo un talismán ganador (depende de las jurisdicciones electorales).

Asimismo han afirmado que el kirchnerismo es el peronismo del siglo 21. Lo dijo el recientemente fallecido dirigente vandorista Alberto Serú García, que proclamaba “el peronismo sin Perón”. Y muchos dirigentes, algunos de larga trayectoria en el movimiento justicialista. Depende del análisis que se haga. Reivindicar al peronismo como movimiento histórico es una cosa. Como conjunto de valores (doctrina), otra. ¿Qué político renuncia a identificar su causa del presente con causas vencedoras del pasado? Considerarse continuador del peronismo es definirse a favor de la mayoría electoral del momento. Da chapa de popular (eso que los populistas saben usufructuar hasta el paroxismo).

Aclaremos que se puede ser peronista y no estar afiliado al PJ (identificarse así en tiempos de Perón era un sacrilegio). Hallamos peronistas en el Frente Renovador, en el PRO, en el Frente para la Victoria, en el Frente Progresista, en los partidos provinciales y vecinales. Hay peronistas en las cinco centrales sindicales en que se divide hoy el movimiento obrero organizado. Hay peronistas entre los intelectuales de izquierda y los de derecha. Unos son peronistas del primer Perón y otros del último. Hay peronistas con Cristina y peronistas antikirchneristas. La lista es extensa. Las posibilidades de ser peronista, también.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Dónde pararse? Cada ciudadano es libre de participar en el sector que mejor le plazca y por eso no será menos o más argentino que los demás. Quienes deseamos un Justicialismo moderno, actualizado, acorde con los cambios internacionales, capaz de diseñar políticas públicas sostenibles y progresistas, en sintonía con su Carta Orgánica, apostamos por la institucionalización partidaria. Es decir, queremos que el partido se perfeccione como institución constitucional. Ni más ni menos. La originalidad de la propuesta es precisamente su apego a la letra y al espíritu del artículo 38 de la Constitución Nacional:

Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático.

Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democrático, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas.

El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes.

Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio.


Por tanto, cuando escuchamos voces que alertan sobre actividades destituyentes y por separado esas mismas voces, se definen como “antipejotistas”, sólo consiguen profundizar la lógica del disparate. Porque nada hay más desestabilizador que la destrucción de los partidos políticos y nada conspira más contra la democracia y los derechos humanos que el vaciamiento de contenido del Partido Justicialista, que -por los valores históricos que representa- continúa siendo un instrumento clave para alcanzar la justicia social con libertad. Aunque los políticos antiguos digan y hagan lo contrario. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario