sábado, 28 de diciembre de 2013

MANDRINI PÚBLICO EN ESPAÑA




Por Jorge BOCCANERA


La eficacia y hondura de los textos del escritor bonaerense Eugenio Mandrini, quien publicó en España el libro de minificción Las otras criaturas, tiene que ver con la posibilidad de instalar la anchura del vacío en apenas un parpadeo.

El hombre incrustado en el naufragio de la existencia, el hombre solo “como un sueño en la cabeza de un muerto”, es el personaje de muchas de las páginas de este libro recién editado por el sello español Menoscuarto que apela a temas diversos: los espejos, las pesadillas, la muerte, el tiempo, el ciego que vive dentro de una sombra y hasta Dios.


Precisamente en “El otro génesis” –un microcuento de apenas cuatro líneas- alude así a la creación: “Estoy en la intemperie. Llueve. Comienzo a desintegrarme. De barro somos. Vuelvo a las manos de Él. Ruego que esté vivo. Y despierto. Y de buen ánimo. Y la memoria intacta”.

Los textos de Mandrini –autor, entre otros libros, del volumen de microrrelatos “Criaturas en los bosques de papel” y del de poesía “Conejos en la nieve”- están poblados por personajes que transmutan, sueñan, caminan por la cornisa de una pregunta, todo condensado en un clima fantástico y paradójico, y en tonos no exentos de ironía.

-Télam:¿Qué diferencia hay entre relato breve y microficción?
-Eugenio Mandrini: Es brumosa la dimensión del cuento breve. No obstante podemos hallar admirables trabajos de solo 3 a 5 páginas (“Una gota”, Dino Buzzatti, “Continuidad de los parques” de Cortázar, etc.). Su discurso se desarrolla entre secuencias y/o exploraciones derivadas de un hecho detonante, una situación única, hacia donde todo confluye.

En cambio la microficción, también regida por esa situación única, se distingue y aleja del cuento breve al prescindir del desarrollo y, en su lugar, instalar el destello, la fulguración, ese sobresalto que no siempre estalla en el desenlace sino que, felizmente, también aparece en la estructura interna del relato como un súbito instante de perturbación.
-T: Dado que usted escribe narrativa y poesía, ¿qué lugar ocupa ésta última al interior de la trama de la microficción?
-M: Entiendo que el pilar central de la microficción es la narrativa, sostenida por un componente de hechizo verbal que es el hecho poético (digo el hecho, no la construcción que es el poema), a los que se suman partículas de ironía, mordacidad o sarcasmo.
-T: En sus textos se mueve un amplio bestiario: jirafas, dragones, elefantes que parecieran destinados a ensanchar una metafísica…
-M: Creo en que en mis textos surge con claridad mi rechazo a todo tipo de inmediatismo social, científico o tecnológico. Trato entonces de suplir esos vacíos con bestiarios, con símbolos personales, bíblicos o artísticos y, además, con fraseos de causticidad sobre el huraño y azaroso mundo actual.

-T: También se infiere una línea muy delgada entre la realidad y una especie de trasmundo, ¿se trata de una realidad paralela?
-M: Según la ciencia existen multimundos. Pero desde éste, no es difícil trasponer la frontera de lo real, dado que lo real es inacabado y, por serlo, tales vacíos auguran lo imposible que una vez alcanzado e inserto en la realidad se hace posible como una nueva realidad.

-T: En “Las otras criaturas” hay una recurrencia a lo trascendente: referencias al tiempo, la inmortalidad, el sentido de vivir…
-M: Por su carácter proteico y su voraz diversidad, nada le es ajeno a la microficción: cultiva la ambigüedad, valora la concisión y llega a prever el asombro del lector utilizando todas las herramientas de construcción posible. Con semejantes poderes cómo no va a dar saltos de canguro celeste y alcanzar espacios trascendentes.

-T: También ocupa un lugar central el tema de la vista y la ceguera.
-M: Por un lado siento que el primer golpe de vista es el que plantea la imagen primaria, generalmente en la intemperie, y luego es la mirada la que da lugar, forma y espacio a la figura entrevista.

En cuanto a la ceguera, confieso que me deslumbra (¡vaya paradoja!). Suelo caracterizar a la poesía (y esto se extiende a la microficción) como un estado de ceguera desde el cual se ven otras cosas, otras luces e incluso (pero esto ya es desconcertante) otras sombras.

-T: ¿Qué representa la figura del ángel, muy presente en su libro y popularmente asociado al custodio, al mensajero?
-M: Ángeles y fantasmas son apariciones de mi predilección, como lo es todo lo ilusorio que se instala en la memoria colectiva como mito y se torna trascendente.

Pero yo los tomo como personificaciones. En especial los fantasmas, los míos, que no han de ser muy diferentes de los de los demás. Recordemos que los más activos propagadores de ángeles y fantasmas son el arte y la literatura, territorios que habitamos.

-T: Sus influencias y vecindades no llegan solamente de las letras, sino también de otras disciplinas del arte…
-M: Sí, empezando por Shakespeare y escritores como Augusto Monterroso, Juan José Arreola, Eugenio Montale y Dylan Thomas, entre otros; también a los pintores Rembrandt y Mondrian, y a los compositores Debussy y Shostakovich.



Fuente: Télam

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