sábado, 8 de febrero de 2014

POEMAS CON EL POTRERO ADENTRO





Por Jorge BOCCANERA
(Télam)


El fútbol como un espejo de pasiones humanas que marca un contrapunto entre la exaltación y el estupor, la esperanza y la pena, el juego y la nostalgia, la libertad y el horror, es el eje del libro de poemas de Carlos Ferreira, A mi juego.

A la manera de un álbum de figuritas, por las páginas de esta obra  editada por Colihue e ilustrada con fotos y pequeñas viñetas, desfilan estampas características: el equipo, el ídolo, el botín, el silbato, la maqueta del estadio, la hinchada y el vuelo del arquero.
 
Si bien existe una profusa producción de relatos y crónicas dedicadas al tema, la poesía ha ocupado, por el contrario, un porcentaje mínimo, aunque se destacan los versos de Bernardo Canal Feijóo, Humberto Costantini, Mario Jorge de Lellis y Roberto Santoro. 
 
Además de poeta, Ferreira (Buenos Aires, 1946), se ha destacado como periodista en el ámbito deportivo -se desempeñó en CrónicaEl Gráfico- impulsando diversos espacios informativos: fundó las revistas Quinto Poder y El Equipo, la escuela de periodismo TEA y dirigió números especiales de la publicación La Maga.
 
La publicación actual de A mi juego -libro que da paso al siguiente diálogo entre Ferreira y Télam- duplica en textos una primera edición que data de 1983 con prólogo del narrador Osvaldo Soriano.
 
-Télam (T): ¿Podrías referirte brevemente a tus vecindades e influencias sobre el eje del fútbol?
 -Ferreira: Entre otros, Héctor Gagliardi, Baldomero Fernández Moreno, Julián Centeya y Costantini; también largas conversaciones con César Luis Menotti, Jorge Valdano, Ángel Cappa y con jugadores que cuando estaban en actividad no se daban cuenta de cuánto enseñaban en una charla.
 
-T:¿Considerás al poeta Roberto Santoro -desaparecido en 1977- un pionero en el tema con su libro Literatura de la pelota?  
-F: Lo es. Cuando dirigí los números especiales de La Maga le dedicamos un número con el título de su libro. Sorprende la cantidad de autores que le han hecho un lugar al fútbol desde la poesía: Serrat, Vinicius de Moraes, Benedetti, Héctor Negro y Manuel Picón, autor de un poema dedicado a Garrincha que musicalizó el gran Zitarrosa.
 
-T: El prefacio da cuenta de cómo se fue haciendo el libro,  sometido a diversas lecturas y diálogos con escritores cercanos como Leónidas Lamborghini, Fontanarrosa o Soriano. ¿Necesitabas ese impulso para darlo a conocer? 
-F: Sí, necesité esas lecturas de otros para sentir que era publicable. De algún modo funcionó en mí la idea de que el fútbol era demasiado menor para un intento poético, idea de la que me fui desprendiendo de a poco. 
 
-T: Todo indica que el universo del fútbol entrega sustanciosas metáforas que subrayan diversas instancias de vida...  
-Las frases o los giros que aluden al fútbol constituyen el habla cotidiana de los argentinos. Se usan en los medios, se titula en los diarios, son metáforas de uso constante: al mentiroso que agarran en orsai, o aquello que se malogró por escaso margen, "pegó en el palo".
 
-T: ¿Tu libro va más por el lado del potrero que del estadio? 
-F: No había reparado en esa observación. El estadio se perdió o se transformó en algo que no me gusta, que contiene demasiada violencia producto de factores que sería muy largo enumerar. No sólo prefiero el potrero sino que admiro a los jugadores que lo llevan adentro, que se preparan como profesionales para poder jugar como amateurs. Por eso le canto al Barcelona actual.
 
-T: ¿La pelota es la protagonista de  A mi juego?  
-F: Sin ella no habría juego. De hecho, en el fútbol argentino actual se la trata tan mal, pobre, que resulta difícil poder ver un partido completo sin aburrirse o enojarse. Sin duda que es necesario estar subyugado por esa redondez.
 Di Stéfano, Cruyff, Pelé, Maradona, Messi, son algunos de los grandes amantes de la pelota. Lo que me diferencia de ellos es que yo soy un tronco y ellos hicieron o hacen lo que yo sólo puedo soñar.
 
-T: En materia de ídolos futbolísticos mencionás solamente a dos: Ermindo Onega y el "Burrito" Ortega, ¿las razones? 
-F: Onega fue un jugador delicioso, elegante, fino, un verdadero amante de ese instrumento que es la pelota. Sentí mucho su muerte. Yo soy hincha de Racing, pero jamás antepondría mi hinchismo a la calidad de un jugador.
 El poema dedicado a Ortega lo escribí cuando lo culparon de la eliminación de Argentina frente a Holanda. Y porque el "Burrito" era una fiesta grande en un cuerpo chiquito; uno de los reyes del engaño que ha tenido el fútbol argentino.
 
-T: El elemento lúdico es una de las marcas de tus poemas, ¿buscaste darles un ritmo acorde con el "juego"?   
-F: Es así. También, creo que hay algún acento puesto en la música del juego. Cuando hablo de la música que quiero o de un imaginado equipo-orquesta, pienso siempre en el tango, en la batucada brasileña o en los tambores de las llamadas uruguayas. Ritmo, sí, la percusión del pie golpeando el cuero.

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