domingo, 27 de abril de 2014

CARTA ABIERTA A HORACIO VERBITSKY


Estimado compañero:


Veinte años atrás jamás lo hubiera llamado “compañero”. Por aquello que Perón una vez acuñó con tufillo maoísta: “el que lucha contra un compañero es porque se ha pasado al bando contrario”. Y como usted ha perseverado en su empresa de demoler la imagen pública de compañeros y compañeras justicialistas, no tuvimos otro medio que colocarlo en la vereda de enfrente. Enfrente del peronismo. Esa avenida amplia y generosa que usted transitó –según mi opinión, equivocadamente- desde las filas montoneras. Así y todo, su pluma extraordinaria ha logrado elaborar un relato histórico en el que usted y una minoría barnizada de presunto heroísmo militante, aparecen como los buenos de la película. Hoy, a los 52 años, golpeado por la vida y la mala política, me tomo el atrevimiento de llamarlo “compañero”. ¿Será por influencia de la oportunista ola franciscana? ¿Por temor a su implacable pluma que tanto temen corruptos y cobardes? De ninguna manera. Lo hago porque en su columna del domingo 27 de abril en Página/12 usted reflexiona en tono autocrítico acerca de los mentados y tergiversados años setentas (en los que ha tenido participación y responsabilidad).  Y la autocrítica merece un reconocimiento porque es un gesto de grandeza que enaltece a quien la pone en práctica.

Usted titula la subnota Lo que no pudo ser, línea que nos lleva al lamento bonasiano de El presidente que no fue. Nada original. Tema recurrente de la generación setentista que ha gastado ingentes recursos materiales e intelectuales para reivindicar una figura menor: Camporita. No nos detendremos aquí en referirnos a alguien que la realidad histórica se encarga de superar con precisión de relojero suizo. Ahora usted esgrime la letanía discursiva para reinterpretar en clave autocrítica la expulsión de los montoneros de Plaza de Mayo. Aunque incurre una vez más en la falsificación de la historia. Veamos. No han sido obras exclusivas de la juventud maravillosa “la apertura de 1971” y las “elecciones libres de 1973”. Esos hechos por usted señalados han comprendido: 1) La Hora del Pueblo, en la que tuvieron destacado protagonismo políticos tradicionales de la talla de Vicente Solano Lima y Ricardo Balbín –ambos líderes en contacto directo e indirecto con  Madrid, sea a través del delegado Jorge Daniel Paladino o viajes personales-; y 2) las elecciones del 11 de marzo de 1973 no fueron libres porque estuvo proscripto Juan Domingo Perón. Pavada de detalle. La efervescencia juvenil colaboró (“presionó”) en el retorno de Perón, pero a la distancia podemos colegir que todo aquel proceso de desestabilización de la “revolución argentina” estuvo también teñido por la exageración, la irresponsabilidad y la fraseología marxista. Sabemos que la épica en la narración militante, vende. Hubo arrojo y compromiso de miles de jóvenes que luchaban por una utopía igualitaria. Innegable. Pero no le adjudique a la juventud maravillosa algo que estuvo lejos de ella: apego a la democracia y al voto popular. Recuerde, estimado Horacio, que en aquel tiempo las cuestiones políticas eran dirimidas a los tiros y a los bombazos. No en el Congreso de la Nación ni en el juego republicano de los partidos políticos que eran impugnados y juzgados instrumentos del demoliberalismo imperialista. El objetivo de la juventud maravillosa era imponer “la patria socialista”. Con la efigie de Evita montonera. Haciendo del “socialismo nacional” (categoría que Perón había exhumado del plexo doctrinario del nacionalismo italiano de comienzos del siglo 20) un giro ideológico del justicialismo hacia el marxismo, cuando en realidad apenas se trataba de un giro proselitista para incorporar -“por la izquierda nacional”- a los hijos y nietos de los comandos civiles del 55. 

Acierta usted al explicar que los bandos enfrentados en la Plaza de la Expulsión, luego fueron víctimas de la dictadura cívico-militar del 76. Aunque comete un grueso error. Norma Kennedy no fue asesinada en la ESMA como Norma Arrostito. Tampoco es correcto adjudicarles a la mencionada compañera y a López Rega haber organizado una emboscada en Ezeiza. Quien suscribe ha abonado la tesis de que en Ezeiza quisieron matar a Perón. Nada descabellado teniendo en cuenta que éste era el convencimiento del General, de ahí su furia contenida que eclosionó el 1° de Mayo del 74. Sostuvimos que los sectores ultraizquierdistas atacaron el Palco como se observa en las imágenes de la película Sinfonía del sentimiento. En este filme Leonardo Favio demuestra que Ezeiza no fue “una masacre de la derecha contra la izquierda” como usted siempre ha imaginado, sino un tiroteo entre bandos ortodoxos y montoneros, los mismos bandos que estuvieron en la Plaza de la Expulsión. Los primeros se quedaron con Perón y los otros, se fueron, cabizbajos, expulsados. La realidad histórica es esa, cualquier otra interpretación carece de lealtad a los hechos tal como ocurrieron. Las evidencias, sobran.

Tampoco es exacto afirmar que Ezeiza haya sido el quiebre entre montoneros y ortodoxos, “el punto inicial del desencuentro que no haría más que profundizarse hasta su trágico desenlace”. Existen precedentes que requieren un prudente tratamiento a la hora del análisis. Montoneros no nació del peronismo ni del propio Perón. Tuvo un surgimiento autónomo y sospechoso. Lo que para nada invalida la autenticidad en la entrega de numerosos cuadros y militantes al servicio de la causa popular de la época. A esta altura de los acontecimientos, no podemos reescribir la historia para tranquilizar las conciencias de un grupo sino que debemos escribir la historia con sentido integrador y global, sin caer en esquematismos y simplificaciones pueriles. Ezeiza fue un momento crítico en el que quedaron al descubierto las posiciones políticas internas del movimiento peronista. Unos defendieron el Palco, otros avanzaron sobre él con la infantil idea de que movilizando multitudes iban a imponerle la “patria socialista” a Perón. Un símbolo de lo que ocurría en las procelosas aguas movimientistas. Hasta que Perón definió con la Plaza de la Expulsión que había un solo timonel y que nadie iba a coparle el movimiento como en Ezeiza habían intentado coparle el Palco. Además, ya se había abrazado con Balbín.

Compañero Horacio, usted insiste con que Perón a su regreso cambió de “discurso y práctica”. Pero el problema de fondo es otro: Montoneros jamás entendió que era táctica y no estrategia del Movimiento. Entonces, se aferró a la fraseología marxista del momento sintiéndose traicionado por el Conductor que permanecía fiel a las “20 Verdades” y al credo del 45. De ahí la constante victimización de la “orga”. Para ocultar que se ponía la camiseta peronista sin corazón ni razón. En 2014, sería plausible incluir este error en su autocrítica, ¿o va a continuar con la monserga de que el Viejo era una marioneta del Brujo, con el objeto de justificar la escasa pertenencia ideológica de Montoneros a las esencias doctrinarias del peronismo? Los peronistas de Perón estaban en los sindicatos y en las bases inmunes a la prédica de la “patria socialista”, como lo fundamenta inteligentemente José Pablo Feinmann en La sangre derramada.

Los montoneros eran muchos y movilizaban a muchos. Es cierto. Pero “por muchos que fueran (y eran muchísimos) sólo representaban al activismo, que demasiado a menudo se confunde con el pueblo”. ¡Cuánta claridad, Horacio! Por actuar en nombre del pueblo cometieron crímenes atroces, como atroces fueron los asesinatos de la Triple A y de otras sectas paranoicas del fascismo vernáculo, mazorqueros con FAL.

Finalmente, convencido de que en democracia no hay enemigos sino adversarios y de que la unión en la diversidad sigue siendo el camino de la construcción política racional y fraterna, suscribo sinceramente sus palabras: “Cuatro décadas después la atribución excluyente de culpas carece de sentido, igual que cualquier proyección de aquel escenario sobre el presente, por más que de tanto en tanto algún marginal sentencioso lo intente para estigmatizar a un adversario”.

Le envío un fuerte abrazo peronista.


Horacio Enrique POGGI
DNI 14.626.531
Afiliado al Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires


Mariano Acosta, 27 de abril de 2014.-



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