sábado, 31 de mayo de 2014

GAUDERIO






Vino de los pagos de Ayacucho y enfrentó, facón al viento, a los vencedores de La Verde. Nadie pudo contener su grito: “¡Viva Mitre!”.

Cuando el agua le tapó la frente, ya se había caído la Cruz del Sur.

Cada rayo le robaba al ombú un pedazo de cielo.

Miraba las nubes tendido en el potrero y un paisano aparecía y se perdía, moría y nacía hasta que sus ojos nublaron la tarde, de puro criollo nomás.

Le cortó las trenzas a su china y galopó hasta perderse detrás de la loma, donde teros gritan para salvar sus pichones.

Nunca tuvo tropilla de un pelo, apenas un moro brioso, para quatreriar vicios del pulpero.

Había que enlazar con destreza antes de que llegue la partida, antes de que la noche saltara la tranquera.

Pialaba al viento, enlazaba refucilos cimarrones.

Brillaron hermosas las nazarenas en los ijares del Juez de Paz.

A la taba culera la trajo un caudillo que se fue por donde vino con el discurso a los tientos.

Volver de madrugada, vigüela desafinada, tabaco apagado, moro a tranco corto, más olvido que memoria.

El patrón se viste de gaucho con pilchas de lujo, monta con prestancia, doma potros salvajes, aparta la hacienda. Pero no es gaucho, es patrón.

Orejano hasta la muerte.



Horacio Enrique POGGI

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