martes, 6 de mayo de 2014

PADRE MUGICA





Sopló el viento arrasador
-vino del Norte-
y se llevó las hojas del otoño.

Sólo la Madre Pueblo
escucharía el llanto de los pobres
que contemplaron inermes su pobreza,
hambre y sed, la sangre derramada.

Crecieron lágrimas como ríos en las villas
y en todos los rincones de la Patria,
donde el dolor crucificado
tuvo en el barro su calvario.

Fue otro mayo de furia compañera,
llegaba a la raíz de origen
la nube que ayer iba en tormenta
por los harapos del ciego que veía
y por un ángel que amasaba soles,
panes en mesas de obreros olvidados.

¿Para qué sotana, cáliz de oro,
alfombras rojas y dignidades oligárquicas?

¿Por qué, Señor, dinos por qué
esta ilusión rota a balazos,
si allá arriba con Evita anda Carlitos
predicando Justicia entre zorzales?

Nadie responde las preguntas,
trapo en la boca, oídos sordos.

¡Cómo perdieron… cómo quedaron
enmohecidas las estatuas, mármol vendido
al impostor de traje y corbata!

Pequeña figurita naftalina
es el pasado que regresa
al ritmo de tortuga en el pozo
y se desgarra vestido de nostalgia.

Pero entre piedras florecieron grillos,
racimos de coraje Plaza tacuara.

Después de tanta desazón volvió de nuevo
la gratitud por los confines del pampero,
Mugica Padre del canto liberado.

Salgan y vean, nuestra barbarie incorregible
que enarbolando Perón bandera,
dice presente en la alborada
y la victoria crece, alto el amor tan joven,
matrera la esperanza, vence.


Horacio Enrique POGGI

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