sábado, 26 de julio de 2014

EVITA PERÓN




Al compañero Aldo CAPECE


Humilla la traición, es brasa el dolor
que por la espalda, con arrogancia,
deja su marca; después de tanto amor
ardió mi corazón de militancia.

Los olvidé, no valen tres monedas.
Y me quedé, leal, descamisada.
La Plaza que rugía fue alameda
para Perón, el pueblo en llamarada.

Les entregué mi alma y la salud
porque la Patria al pobre le debía
justicia y dignidad; vieja virtud,

en el trabajo se encarnó un día:
Revolución Social, nuestra conquista,
mandato permanente y peronista.



Horacio Enrique POGGI

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