sábado, 13 de septiembre de 2014

SARMIENTO


Domingo Faustino Sarmiento, el Gran Argentino.


Mempo Giardinelli dio en la tecla en el reciente foro de debate sobre el pensamiento nacional organizado en el Chaco por la secretaria que coordina Ricardo Forster. Es cierto, Sarmiento dijo barbaridades, pidió no economizar sangre de gauchos, para terminar con la guerra civil (en aquel tiempo la palabra "gaucho" tenía connotaciones denigratorias, era sinónimo de vago, bandolero, cuatrero, ladrón, etc.), fue en su peor década, la del 52-62, pero luego abjuraría de esas barbaridades. Sin embargo, sus discípulos liberales de todos los tiempos ha guardado silencio, pareciera que les molesta el Sarmiento que repudió a la aristocracia con olor a bosta de vaca.


El último Sarmiento no ha sido repensado correctamente y da mucha tela para cortar. Porque es un Sarmiento frustrado, que -como Alberdi- se da cuenta al final de su vida que su proyecto de país civilizado, con educación pública y gratuita para todos, con adelantos industriales y tecnológicos, la Argentina que debía recorrer el camino de los Estados Unidos de Norteamérica, era una quimera. Entonces vienen de perlas las reflexiones de Giardinelli, quien logra superar el estereotipo sarmientino impuesto por el revisionismo apolillado y maniqueo. Pensar, o repensar, a Sarmiento es una tarea pendiente y saludable para el futuro de una Patria integrada, en las que el pluralismo y la diversidad sean realidades existenciales y no categorías del discurso populista, tan mentiroso como nefasto para la democracia republicana.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-255226-2014-09-13.html

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