domingo, 30 de noviembre de 2014

BENZACAR, A VILLA CRESPO




Un galpón de 650 metros cuadrados, de amplísimos techos, transformado en un tradicional cubo blanco, en la calle Juan Ramírez de Velasco 1287 constituye la nueva sede, luego de ocupar durante 30 años el mítico subsuelo de Florida al 1000.

La flamante galería, que abre sus puertas oficialmente en marzo con una exposición de Liliana Porter, es una contundente intervención de cemento y ladrillo en el interior de un viejo depósito industrial, entre las calles Darwin y las vías del ferrocarril San Martín.

La mudanza de una de las galerías argentinas más prestigiosas a nivel local e internacional, con casi 50 años de trayectoria (se fundó en 1965) preanuncia a todas luces un desembarco masivo del arte contemporáneo hacia esta zona de la ciudad convertida en polo textil y gastronómico, que ya comenzó con la llegada de Slyzmud, La Ira de Dios, Gachi Prieto y Nora Fisch, entre otras.

“Creo que nuestro aporte suma pero ya hay cinco galerías instaladas acá, yo no planté bandera. No vine a conquistar un terreno virgen. Realmente vengo a sumarme a una movida que ya empezó y que va a seguir, sin dudas”, señaló a Télam Orly Benzacar, directora de la galería, minutos de que comience la fiesta de inauguración para invitados y prensa.

"Queremos que este sea el vecindario del arte", dice Mora Bacal, nieta de Ruth e hija de Orly (ambas comparten la dirección actual de la galería), y utiliza esa palabra que la imaginación asocia en un acto lúdico con el Chavo del 8, a Doña Florinda con su carrito de compras y a Kiko jugando con su pelota de colores.

“Acá ves a la mujer con el cochecito que lleva al nene al jardín, a la señora de compras… y eso convive con todos los talleres de artistas de por acá. Además se está armando un polo gastronómico. Es otra energía, yo lo homologo con la movida que ocurrió en Nueva York, entre el Soho y Chelsea”, jura Orly, entusiasmada.

“Hace varios años que vengo sintiendo que Florida había terminado su ciclo, había una demanda desde el punto de vista arquitectónico, por parte del arte contemporáneo en general, ya habíamos agotado el espacio, los artistas le habían sacado todo el jugo”, cuenta Orly.

“Además, el centro es un ámbito que urbanamente se ha degradado mucho, no sólo acá sino en el mundo entero. Con las comunicaciones que existen hoy ya no tiene sentido de existir 'un' centro. Y eso está cambiando en todo el mundo”, agrega.

La galería contrató al jovencísimo arquitecto Nicolás Fernández Sanz (1983) para encarar la reforma del espacio, una tarea que demandó unos cuatro meses y durante la que hubo que vaciar 15 volquetes repletos de basura, sólo para limpiar el viejo depósito industrial, primero de pisos de cerámica y después de artefactos de luz.

“Quise lograr un espacio árido para ser forestado por artistas”, dice Fernández Sanz -parafraseando a la arquitecta francesa Anne Lacaton- quien alterna sus proyectos personales y los grupales que encara junto a la Cooperativa de Arquitectos (CDA), una suerte de paladines de la justicia del hormigón y el cemento.

“Queríamos un espacio lo más sencillo posible y lograr una arquitectura que tenga que ver con el arte contemporáneo: democratizar el espacio aéreo -algo que no tiene ninguna galería acá-, que el usuario pueda mirar desde arriba una nuestra; reinterpretar que la escalera no es sólo un núcleo circulatorio sino que puede ser un espacio apropiable por parte del artista”, enumera.

“Sentí que mi trabajo como arquitecto tenía que ser como en aquel tema de Radiohead, 'How to Disappear Completely'. Generar un espacio lo más simple y austero, sin elementos de diseño, ser invisible”, concede este docente investigador de la UBA.

Este nuevo espacio da por concluido un ciclo histórico y el cambio de barrio le aporta a los artistas de la galería “recorridos por descubrir, formas de acceso diferentes, contrastes novedosos y un ecosistema de objetos y proveedurías vecinales”, se entusiasman madre e hija, de cara a nuevos desafíos.

“Todo cambio trae cambios. No sé cuáles pero seguro vendrán… y bienvenidos”, concluye Orly.

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