martes, 6 de enero de 2015

ANTONIO COLINAS, POETA UNIVERSAL


"La poesía es para mí una vía de conocimiento", Antonio Colinas.

Uno de los grandes referentes de la poesía española de estas últimas décadas, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946), conversa con ABC sobre su preocupación patente por los problemas actuales de un mundo en permanente cambio.

En momentos tan confusos como los que estamos viviendo, ¿quiénes pueden aportar quizá más claridad, los filósofos o los poetas?
Seguramente ambos, si lo hacen desde la lucidez y a contracorriente de tanta imposición y gregarismo, del mundialismo triturador de valores; aunque hubo quien dijo que donde no llega la filosofía aparece la poesía; aunque también podría decirse lo contrario.
¿Está España tan mal como parece a nivel político y social?
Ampliaría mi visión de su pregunta para decir que uno tiene la sensación de que se está triturando todo: territorios, países, fronteras, valores, costumbres, culturas, ideas. Europa, en concreto, está renunciando a lo que esencialmente ha sido y propagó por el mundo: el humanismo, su rica cultura. Hemos acabado siendo un «mercado», complementado con una trama de leyes grises que no siempre afectan a la felicidad de las personas.
¿Estamos viviendo una especie de nuevo 98?
Es obvio que vamos hacia un cambio de paradigma. Si este cambio no va acompañado de valores, como el respeto al medio natural, la convivencia en paz o la recuperación de las raíces de las naciones y de la educación, iremos hacia una atomización que no preludia nada bueno. La recuperación debe partir, como la libertad y la solidaridad, de dentro a fuera. Vamos hacia un gregarismo uniformador y pernicioso, del que es su lema el «todo vale».
¿Qué ha querido expresar con su más reciente poemario?
Alguien ha dicho que en las ocho secciones de este libro hay ocho mensajes que buscan la universalidad; es decir, de variedad y ausencia de dogmatismo, pero a la vez fijados con una gran fidelidad a mi voz, a valores como los de la emoción e intensidad, a un mensaje siempre a contracorriente del lenguaje plano, «fotográfico» o impuesto.
¿Qué cambios significativos hay respecto a otros libros anteriores suyos?
Desde la disparidad de temas, tales como Extremo Oriente, la mujer de significado polifónico, los poemas civiles sobre algunas lacras de nuestro tiempo, la América hispana, lo telúrico o los orígenes de la memoria, hay en el libro un gran afán de unidad, un viaje desde los poemas largos a una depuración y concisión de los muy breves. Tampoco es, por su extensión, como ya he dicho, un libro para lectores perezosos, porque tampoco se da un mensaje monocorde o una única estética. Y supuso un reto escribirlo después de la edición de mi «Obra poética completa». Siempre, cuando acabamos un libro, hay una sensación angustiosa, de vacío, de que ya no vamos a escribir más; pero luego regresa el verso nuevo, la palabra nueva.
¿Hay algún elemento común, temático o vital, que aparezca en todas sus obras?
La fidelidad a la propia voz por encima de las dificultades, la poesía como una vía de conocimiento y búsqueda de la plenitud de ser, el amor, la naturaleza, el tiempo, la muerte, lo sagrado. Este último concepto es una aspiración que acompaña a los humanos desde el origen de los tiempos, traspasado de sincretismo, que nada tiene que ver con el trasnochado y decimonónico anticlericalismo español.
¿Qué queda hoy de aquel Antonio Colinas que empezó a escribir poesía en los años 60?
La fidelidad a una vocación que sentí ya desde mi adolescencia, un afán ineludible de fundir vida y escritura.
No suele ser habitual, al menos en España, que un poeta se dedique también a la narrativa, al ensayo o a la traducción. ¿Por qué?
Creo que en mí el escribir en varios géneros literarios ha sido algo natural. Acaso porque la poesía es el sustrato de todos ellos. A veces, la traducción, el periodismo o la crítica literaria han sido para mí, a lo largo de casi medio siglo, un complemento de la actividad creadora, del subsistir. Pero insisto en que los setenta libros que he publicado en primera edición responden siempre a un sentir y a un pensar naturales, a un proceso vital, a un afán de conocimiento.
¿Por qué no están surgiendo hoy grandes nombres en poesía o en filosofía en España?
Para hacer una valoración así hay que tener en cuenta el paso del tiempo. Un nombre o una obra no se decantan de inmediato. Es necesaria la prueba del paso del tiempo. Si hay un cierto vacío intelectual, acaso se deba a esa dispersión mental y a esa atomización anímica y social a que antes me refería. Necesitamos quizá ir hacia adentro, hacia el manantial interior, y olvidarnos de tanta orden indirecta, de tanto «canto de sirena», de tantas imágenes que deslumbran, de tanta desinformación y mimetismo. Ya lo dijeron, con parecidas palabras, Antonio Machado y Albert Einstein: el ánimo del poeta y el del científico se orientan hacia el misterio, que no es lo ilusorio o lo fantasioso, sino simplemente lo mucho que aún desconocemos.


Fuente: ABC http://www.abc.es

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