jueves, 29 de enero de 2015

EXCUSA PARA RELEER A CERVANTES




Lectores de todo el mundo tienen una excusa precisa para revisitar a Miguel de Cervantes en el mismo año en el que se cumplen 400 de la publicación de la segunda parte del Quijote de la Mancha, obra maestra de la literatura hispana, precisamente cuando un equipo de investigadores descifra si las iniciales M.C. halladas en una cripta de un convento de Madrid pertenecen a los restos del escritor más universal.

Un clásico inminente de todos los tiempos, el autor de molinos y gigantes, Cervantes Saavedra, ese escritor, dramaturgo y soldado nacido en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, vuelve a dar qué hablar e investigar cuatro siglos después de la aparición de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615), editada en aquel entonces por el mítico impresor Juan de la Cuesta.

Con ese título, 10 años más tarde se publicó la continuación de la monumental novela polifónica que vio la luz en su primer tomo en 1605 bajo el nombre El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, y que tiempo después -hay quienes dicen que Cervantes nunca vivió el reconocimiento de su obra- se convirtió en el libro más traducido y editado luego de la Biblia.

Parodia de los relatos de caballerí­a, Cervantes desmitificó al género de héroes épicos que primaba en las letras y sentó las bases de la literatura moderna junto a Alonso Quijano, el caballero andante que se embarcó en andanzas con su viejo caballo Rocinante y su fiel escudero Sancho Panza, revelando un mundo imaginado, exagerado y carituresco, donde nada es lo que parece ser.

Es que de tanto leer historias epopéyicas, relata Cervantes con su ocurrente pluma, Alonso Quijano cayó en la tentación y decidió lanzarse al mundo tras aventuras; eligió un nombre de honor -don Quijote de la Mancha-, y como todo buen señor, una dama de la cual enamorarse, Aldonza Lorenzo, a la que llamó Dulcinea del Toboso: El caballero hidalgo construyó su propio destino.

Fuente: Télam.

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