jueves, 8 de enero de 2015

FANATISMO ES TERRORISMO



La masacre de París nos enluta. Este atentado terrorista contra la libertad de expresión conmueve al mundo porque la globalización une a los pueblos y genera mayores niveles de igualdad y de repudio a cualquier forma de vejación de los derechos humanos. Puntualmente, en la cuna de la libertad, la libertad ha sido ultrajada. Pero la reacción mundial fue instantánea y unánime: repudio total al fanatismo porque todo fanatismo -como todo nacionalismo también- es excluyente y causante directo del terrorismo que -en nombre de la verdad absoluta- derrama sangre inocente. Exigir más libertad es el camino. Es decir, ejercer el periodismo con más libertad -sin ningún tipo de condicionamiento subjetivo- permitirá vencer a los odiosos. La tolerancia, asimismo, no solo implica soportar al que tenemos al lado sino aprender -fundamentalmente- a convivir con la diversidad de pensamientos y religiones. Tolerancia es saber debatir, aceptar al disidente, no tratar de enemigo de la patria a quien critica al gobierno de turno. Ahí radica la esencia de la democracia universal. En la Argentina -ya sufrimos dos atentados terroristas que  todavía permanecen impunes- deberíamos refrescar la memoria -cada día de nuestras vidas- y recordar los daños que provoca el fanatismo cualquiera sea su signo o procedencia. A veces, cuando escuchamos tanto dislate contra la prensa crítica, nos queda la impresión de que nos falta madurar, ya que pareciera -ante la verborragia violenta- que no hemos aprendido las lecciones de la historia reciente. Mientras tanto, la sangre derramada por los terroristas en Francia clama Justicia al cielo. 

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