sábado, 8 de agosto de 2015

SAN MARTÍN, EL GRAN NEUTRAL


Por Horacio Enrique POGGI


Los argentinos -con luces y sombras- avanzamos hacia una sociedad igualitaria. En este contexto de respeto a los derechos humanos, la reivindicación de dictadores perjudica a la democracia republicana que recuperamos en 1983. Quienes lo hacen impugnan nuestra Constitución Nacional por tratarse de un “librito liberal”. Así no se crea conciencia ciudadana. Ganan la intolerancia, el menosprecio a las instituciones y la exclusión de la diversidad. Con asombro vemos que todavía quedan exponentes de un nacionalismo oxidado, autoritario y antiliberal, que suelen hallar acogida entre una minoría de incautos que se muestra permeable a eslóganes vulgares y cree de buena fe un relato teñido de patriotismo futbolero. Este nacionalismo autoproclamado “hispánico y católico” exhibe una simplificación pasmosa de los hechos –que de por sí son complejos- colocando de un lado a los héroes –los caudillos federales- y del otro a los villanos –los doctores unitarios-. 

En el caso específico  del sable corvo del General San Martín, por ejemplo, observamos que el Libertador es utilizado -desde el revisionismo rosista- para ensalzar la figura de Juan Manuel de Rosas en detrimento de los opositores a su dictadura globalmente denominados “salvajes e inmundos unitarios”, entendiendo el término “unitario” en su acepción más ramplona como sinónimo de traidor a la patria. ¿De qué modo resolvió el Instituto Nacional Sanmartiniano –presidido a la sazón por el coronel Bartolomé Descalzo- la relación entre Rosas y San Martín? El Consejo Superior del Instituto, a fines de la década de los 40 del siglo 20, emitió una declaración en la que precisó los siguientes puntos:

1° Que la correspondencia cambiada entre ambos es la que corresponde a hombres de actuación pública destacada, que tratan grandes problemas vinculados con la patria; pero ello no permite afirmar que los ha unido una amistad personal.

2° Que las expresiones de saludo y despedida utilizadas en su correspondencia por el Libertador, eran las debidas, de acuerdo con la jerarquía de los personajes y al estilo de los usos sociales de la época.

3° Que la coincidencia de pensamiento entre el Libertador y Rosas sobre los irreparables males que la anarquía produciría al país, no significa que el general San Martín, justificara la política interna del gobernador de Buenos Aires.

4° Que el Libertador fue siempre el Gran Neutral, ajeno a los bandos en que se dividieron los argentinos, los que desangraron la patria y detuvieron su organización definitiva, retrasando su progreso.
5° Que la única vez que el general San Martín se refirió concreta y específicamente a la política interna del gobernador de Buenos Aires, D. Juan Manuel de Rosas, fue en su carta a D. Gregorio Gómez, enviada desde Grand-Bourg, el 21 de septiembre de 1839, cuyo segundo y tercer párrafos dicen así:

“Es con verdadero sentimiento que veo el estado de nuestras desgraciada patria, y lo peor de todo es que no veo una vislumbre que mejore su suerte. Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución general contra los hombres más honrados del país; por otra parte, el asesinato del Dr. Maza, me convence que el gobierno de Buenos Aires no se apoya sino en la violencia”.

6° Que la cláusula tercera del testamento del Libertador, mandando que su sable se entregue “al general de la República Argentina, D. Juan Manuel de Rosas”, sin hacer referencia al gobernante y justificando su decisión, explica con previsora claridad la única razón que tuvo para hacerlo, y que es la que dicha cláusula expresa: “La satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.

7° Que esta actitud del Libertador prueba su unidad de pensamiento y conducta, reflejada en la integral armonía de su acción y de sus documentos escritos, entre los que se encuentra la señalada carta a D. Gregorio Gómez, que a continuación de los dos párrafos transcriptos dice: “a pesar de esto yo no aprobaré jamás el que ningún hijo del país se una a una nación extranjera para humillar a su patria” (ver Cnel. Bartolomé Descalzo, “Contribuciones al esclarecimiento de episodios relacionados con la vida y actos del Libertador y del gobernador general Juan Manuel de Rosas”, Primera Parte, Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1949, pp. 4 y 5).

Con espíritu de concordia y en aras de la reconciliación y la paz de los argentinos, el Instituto Nacional Sanmartiniano -en pleno apogeo del primer gobierno del general Perón- despejó dudas y fortaleció la conceptualización de un tema muchas veces manipulado por quienes pretenden narrar el pasado prescindiendo de documentos probatorios incuestionables. El mes aniversario del fallecimiento del Libertador es una inmejorable oportunidad para volver a releer la citada declaración del Instituto como un acto de justicia al servicio de la verdad histórica. Finalmente, apreciamos –en coincidencia con el coronel Descalzo- que “la historia patria está permanentemente en revisión, ante la aparición de nuevos documentos históricos, que pueden llegar hasta cambiar un hecho que haya sido aceptado como tal hasta ese momento. Por tal razón, jamás debe considerarse cerrada la prueba documentada de ningún hecho histórico”. 

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