lunes, 29 de febrero de 2016

MACRI CON EL PAPA




En la relación del presidente Mauricio Macri y el Papa Francisco, lo importante es la agenda común. O mejor dicho, aquellos temas que conforman una agenda común: lucha contra el narcotráfico y la corrupción, unión de los argentinos, combate a la pobreza. Es preferible esta agenda y no la foto circunstancial, propia de la cultura efímera que tanto rechaza Francisco.

Marcos Peña trató de aplacar el escándalo mediático agitado por la oposición kirchnerista -respecto de la notoria frialdad del Papa en la entrevista con Macri- y apeló a un discurso salomónico: Francisco no es K ni Pro. Es cierto, pero Francisco  -debería tener en cuenta el Jefe de Gabinete- y la Iglesia en la Argentina han formado varias camadas de cuadros dirigentes en su doctrina social, que se han sentido -y se sienten- más cómodos con el discurso antiliberal característico del revisionismo populista que con el discurso republicano y democrático que encarnan Cambiemos y una nueva generación justicialista.

Entonces nada de sorpresas. Macri sabe que con el Papa su trato será diplomático y acotado a la agenda común. De Estado a Estado. Él llegó a la Presidencia de la Nación ganándole al candidato bendecido por el Vaticano y superó la durísima prueba a la que fue sometido por un gobierno “francisquista” que jamás respetó los principios evangélicos a la hora de aniquilar a sus oponentes.

En eso Macri exhibe una sinceridad brutal, mucho más valorada por la jerarquía local que por el Papa. Su neutralidad religiosa es coherente con su formación política: republicanismo neodesarrollista. Esta caracterización del Presidente no existe en las capillas kirchneristas que creen que Macri es una mezcla de Menem con De la Rúa y, por eso, enarbolan un discurso apolillado que atrasa más de 30 años.

Hoy el PJ antimacrista repite la misma cantinela de principios de los 90 que entonaban Saúl Ubaldini, los carapintadas y la izquierda variopinta. Es un discurso de minorías resentidas en busca de una revancha que jamás llegará. Porque la sociedad del siglo 21 va por otros carriles racionales y equilibrados buscando coincidencias en medio de la confrontación inútil. 

El republicanismo neodesarrollista de Macri amerita una oposición justicialista acorde a las circunstancias. No le vamos a pedir peras al olmo. El kirchnerismo está forjado en la matriz autoritaria de la lógica amigo-enemigo y apostará al fracaso del oficialismo sin medir consecuencias. “Cuanto peor mejor” fue la consigna guía de la subversión guevarista del 70 que se cargó a una generación. En 2016 esa consigna podría llevarse puesta a la institucionalidad. Aunque parezca una reacción de estudiantina, la oposición cavernícola de los kirchnersitas es preocupante. Y tratará de llevar a su molino cualquier tipo de aguas. Las benditas del Vaticano o las contaminadas de la baja política.

Mientras tanto, desde el justicialismo republicano habrá que construir los puentes que otros dinamitan. Para consolidar la agenda común que une al gobierno actual con el Papa Francisco.

Dr. Horacio Enrique POGGI
hepoggi@gmail.com


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