sábado, 2 de julio de 2016

EL GENERAL




Han transcurrido 42 años del fallecimiento del General Perón y el peronismo todavía continúa siendo una fuerza política que despierta distintas interpretaciones. Para algunos es un Movimiento. Para otros un Partido. No faltan quienes aseguran que es un partido movimientista. Y así podríamos imaginar diversos conceptos que conciten la atención de no pocos argentinos. Lo más lógico sería que a esta altura del siglo 21 el peronismo fuera un partido democrático y republicano, pero cualquier peronista dice y hace lo que le conviene profundizando la confusión de izquierda a derecha, sin olvidar un vuelo rasante por el centro. Tal vez sea el resultado de haber asumido –durante varias décadas- el relato antiliberal y de impugnar cualquier intento de actualización doctrinaria, en nombre de personalismos populistas.

Después del primer derrocamiento de 1955 hubo una condena antiperonista exacerbada que culpaba de todos los males al líder ausente. Sin embargo, tuvieron que ir a buscarlo a Madrid porque la situación de la Argentina era más proclive a una guerra civil que a una salida democrática. ¿Qué hicieron los sucedáneos del peronismo durante 18 años? Si el general proscripto y exiliado representaba –entonces- una alternativa de poder a 20.000 kilómetros de distancia, se debía fundamentalmente a la incapacidad política de sus rivales para gobernar. Alguna analogía podemos elucubrar en la actualidad: otra vez la responsabilidad vuelve a recaer en los no peronistas y en los propios peronistas. Por algo el pensamiento estratégico del general mantiene vigencia, más allá de su muerte.


Dr. Horacio Enrique POGGI
hepoggi@gmail.com

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