martes, 13 de septiembre de 2016

CARTA AL PERIODISMO



"Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla", escribió el académico oriental.


No se rindió por comodidad o cobardía. La carta del profesor uruguayo, que fue derrotado por sus alumnos rehenes de las redes sociales, es un alegato tremendo, irrefutable, inteligente. El hombre peleó con armas leales y a la altura de su cátedra de periodismo. Por eso nos deja un gusto amargo como toda expresión descriptiva de realidades dolorosas. La dictadura de los teléfonos celulares asoma imparable. La padecemos todos. El teléfono celular ha devenido en un mecanismo de anestesia social que nos enajena del mundo y nos convierte en rehenes de la virtualidad. Al ritmo de los acontecimientos difícilmente podamos hacer algo que modifique de raíz la nueva decadencia cultural que nos envuelve y que condiciona la formación de los más jóvenes. Comprendemos al docente oriental. Nos identificamos con él. También nosotros observamos que la educación en la Argentina está hecha añicos y que la mencionada dictadura comunicacional nos está ganando por goleada. Como a Leonardo Haberkorn. Es un problema global, sin dudas. Pero desde lo nacional, no se hace nada. O poco. Es lo mismo.


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