miércoles, 16 de noviembre de 2016

CORRUPCIÓN




En Europa, Asia y la Comunidad de Países Independientes adquieren vigor los populismos y los nacionalismos por el recrudecimiento de casos de corrupción, acuerdos oscuros de capillas partidarias y predominio de las clases acaudaladas en las decisiones públicas. El debilitamiento de las instituciones democráticas coadyuvan al florecimiento de prácticas corruptas que son consideradas, por las sociedades, las causas principales del empobrecimiento y el desempleo. Este fenómeno político ya hizo estragos en Sudamérica, donde los populismos comienzan a retirarse por decisión de la soberanía popular dejando un escalofriante aumento de la pobreza y un fenomenal saqueo de los recursos estatales. Lo que en aquellos lares asoma como una amenaza a la democracia representativa, en nuestro continente ha sido una calamidad. 

“El aumento de apoyo popular a movimientos nacionalistas y populistas en diversos países de Europa y Asia está directamente relacionado con la percepción que tiene la población de un nivel de corrupción contra el que los sistema políticos vigentes no son capaces de luchar”. Esta es una de las conclusiones del informe anual de Transparencia Internacional sobre la percepción de la corrupción, en el que España vuelve a ocupar puestos muy preocupantes en el escalafón. Uno de cada tres ciudadanos de la región estudiada considera la corrupción, el abuso de poder o los acuerdos secretos en las altas instancias como los problemas más importantes en su país. En España, Moldavia y Kosovo la proporción que lo ve así es de dos de cada tres ciudadanos. 

El 88% de los entrevistados en España se mostraron convencidos de que «los sectores más ricos de la población influyen indebidamente en las decisiones gubernamentales», mientras que en el otro extremo de la tabla, en Suecia y en Suiza, los encuestados respondían así solamente en un 28% de los casos. «La corrupción es un problema significativo en toda la región de Europa y Asia Central. En los países de la UE, numerosos ciudadanos ven cómo los ricos y los gobernantes distorsionan el sistema en beneficio propio», explica José Ugaz, Presidente de Transparencia International. «Los gobiernos sencillamente no están haciendo lo suficiente para enfrentar a la corrupción porque hay personas en las más altas esferas que se benefician con este fenómeno», denuncia, recomendando a las administraciones que «exijan mayores niveles de transparencia, con particular énfasis con respecto a quiénes tienen la titularidad y el control de las sociedades o empresas, creando registros públicos sobre sus beneficiarios finales».

Sin que sirva de consuelo, el problema no nos afecta solo a nosotros. Más de la mitad de las personas en países de la Unión Europea (53%) y la Comunidad de Estados Independientes (56%), señalaron que sus gobiernos no logran poner freno a la corrupción. Los gobiernos de Ucrania (86%), Moldavia (84%) y Bosnia-Herzegovina (82%) son los peor calificados. La impotencia de los gobiernos está basada a que, «debido a su posición en la cúspide de la pirámide de poder, es difícil expulsar a las elites corruptas y los oligarcas. Sin embargo, hemos visto que esto sí es posible cuando las personas se unen para reclamar estándares más exigentes a sus líderes y cuando el poder judicial actúa de manera independiente para hacer que rindan cuentas», señala Ugaz.

Un gran obstáculo en la lucha contra la corrupción es la falta de protección de quienes la denuncian. El 30% de todos los entrevistados, más de 62.000 personas en total, consideran que el principal motivo por el cual no hay más personas que denuncien casos de corrupción es que teme las consecuencias. Dos de cada cinco denunciantes de irregularidades han sufrido represalias y arrastran un estigma. Menos del 47% cree que las denuncias sirven para algo y solo un 27% consideran que denunciar es socialmente aceptable.


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