viernes, 4 de mayo de 2018

EL FIN DE LA ARGENTINA VIEJA




La teoría conspirativa es el subterfugio que utilizan los populistas y enemigos de la democracia para justificar sus posiciones ideológico-políticas. Hija putativa de la lógica amigo-enemigo hace estragos en quienes adhieren a ella. Porque los convierte en títeres del realismo mágico. Un forma unilateral de observar los acontecimientos buscando siempre determinantes internacionales (el imperialismo yanqui) y vicarios locales (los CEOs de la derecha neoliberal).

De la construcción teórica trasladan a la realidad situada sus pareceres. Y al dar por verídico lo imaginario, sacrifican lo concreto en el altar de la subjetividad. Cualquier estudiante troskokirchnerista de ciencias sociales va a aseverar que la objetividad –la realidad situada- no existe, que todo pasa por el filtro de los medios hegemónicos, los únicos capaces de crear sentido que manejan a la sociedad. De este modo,  a través de una movida ideológica pueril, corren a los hechos de escena y le dan primacía a un relativismo dañino que los aleja de la situación y los envuelve en la ensoñación etérea. Una realidad paralela.

El militante troskokirchnerista parte de presupuestos falsos, a los que jamás pone en duda. Es un fundamentalista laico que va a identificarse con los fundamentalismos religiosos porque trazan una mirada común del mundo. De un lado se ubica el enemigo/victimario y, del otro, el amigo/víctima.

Macri es el enemigo. Según los opositores irracionales representa a la derecha neoliberal imperialista y sionista. A los ricos. Y como los ricos son explotadores, hay que erradicarlos de la faz de la tierra. Desde luego jamás se les ocurrió interrogarse si sus presupuestos son válidos. Entonces el grado de convencimiento que adquieren los lleva a hacer, decir y proponer barrabasadas. Propias de mentalidades enajenadas.

En los últimos días, hemos verificado una campaña desestabilizadora con foco en la cotización de dólar, producto de factores externos –la suba de las tasas en los Estados Unidos- pero que sectores alineados en el Círculo Rojo pretendieron amplificar para ocasionarle al Presidente Macri un daño irreversible. Los periodistas tradicionales repitieron hasta el hartazgo que la crisis iba a estallar porque “el dólar es imparable” y que su alza iba a trasladarse a precios y a la inflación.  De ese combo maléfico sólo podía esperarse el fracaso del Gobierno y hasta no faltó el orate que exigiera la renuncia del Jefe de Estado. Desde las redes sociales, los ciudadanos consustanciados con el cambio cultural, les respondieron palo por palo y neutralizaron el relato faccioso.

El viernes negro (4 de mayo de 2018) quedó flotando en la imaginación de los troskokirchneristas y del Círculo Rojo que, en esta ocasión, coincidieron sin fisuras. Las medidas adoptadas por el Banco Central y por el equipo económico lograron sofocar –transitoriamente- la tentativa golpista que se suma a los intentos criminales de diciembre pasado.

Ni la casa está en orden ni el golpismo ha renunciado a sus pretensiones fronterizas. Por el momento asistimos a la explicitación del modo de ejercer el poder de Mauricio Macri, que capeó el temporal mostrándose prudente, firme y expeditivo. La tensión continúa. En el Congreso aguarda un proyecto sobre tarifas que, en caso de ser aprobado, obligaría al Presidente a vetarlo por el daño fiscal que el mismo ocasionaría. La oposición irresponsable espera que la derrota legislativa le ocasione una merma pronunciada a la imagen presidencial. Inclusive planifica un “ruidazo nacional” -con abundante presencia callejera- para la jornada del veto. A ello debemos agregar la intempestiva irrupción de la narcocriminalidad en el Conurbano Bonaerense mediante ataques terroristas a la Policía.

La Argentina vieja resiste… “con aguante”. Pero lentamente muere. Sus últimos estertores son violentos. La experiencia indica que cualquier modelo de cambio cultural conlleva elevados riesgos y sufrimientos. Esta vez es distinto y ningún actor de la oposición se anima a analizar la situación con herramientas distintas. ¿Por qué Pichetto y Juan Urtubey se aferran a esquemas perimidos? Necesitamos un PJ republicano. Trabajan en esa dirección, pero olvidan que cuanto más oscura está la noche es porque se aproxima un nuevo amanecer. 

3 comentarios:

  1. Comparto lo que dices. Agrego que, a pesar de lo turbulento, es fascinante vivir un final de época

    ResponderEliminar
  2. Muy buena reflexión. Solo agregaría q es necesario comunicar desde los medios públicos algo q contrarrestre al coro monocorde del periodismo todo. Es necesario hacer sentido constructivo y veraz en dirección a generar conocimiento y un cambio cultural. Aún son necesarios los medios masivos y es una pena q se inutilicen tal como están ahora. Pagamos fortunas x canal 7 y es espantoso! Ni siquiera informa lo elemental. Sigo sosteniendo q es un flanco muy descuidado y fundamental todavía. Gracias

    ResponderEliminar