lunes, 29 de octubre de 2018

BOLSONARO Y LA ARGENTINA

Bolsonaro sufrió un atentado un mes antes de la primera vuelta. Igual triunfó.

La democracia brasileña ha abierto las puertas de una nueva oportunidad de salvataje de aquel país gigante, poderoso, influyente. Tuvimos que escuchar y leer toda clase de improperios acerca de uno de los candidatos que disputó el balotaje: Jair Bolsonaro, un exmilitar amigo de las armas, de las instituciones y del sentido común. Estos tres pecados encolerizaron a la progresía mediática del mundo que no ahorró etiquetas para denostar al ganador. Pocos tuvieron en cuenta en sus análisis -prejuiciosos, primarios, ridículos- que Brasil atravesó por un período de purificación institucional llamado Lava Jato, el cual llevó a la cárcel al expresidente Lula Da Silva y derrocó a su amiga Dilma Rousseff. La ideología rastrera de los progresistas ocultó estos hechos y se dedicó a perturbar la campaña electoral haciendo foco en los dichos livianos de Bolsonaro. A los estadistas hay que juzgarlos por las políticas públicas que implementan en el ejercicio del poder y no por sus dichos electorales que a veces son pronunciados para levantar polvareda a fin de instalarse en la agenda de discusión cotidiana. Ahora Bolsonaro es el presidente electo de Brasil y renacen las esperanzas para barrer al populismo neomarxista de la región. En nuestro país el troskokirchnerismo, aliado del Foro de San Pablo derrotado, está de duelo porque apostó al candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad. La Cámpora fue a hacer campaña por él. Para qué ocuparnos de esta payasada. Pasemos a lo importante.

Bolsonaro se comunicó dos veces antes de su victoria aplastante con el Presidente Macri y en una de esas charlas le agradeció por haber vencido a Dilma Kirchner. Una humorada que lo define enfáticamente y lo coloca en la vereda republicana más allá de los matices que cada país ofrece en la forma de gobernar. La victoria de Bolsonaro mejorará las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil -porque pareciera que el Mercosur pasaría a segundo plano-  y el comercio favorecerá a ambos países hermanos. Cada vez que Brasil creció a la Argentina le fue bien. Señala Jorge Castro: "Por cada punto que crece el PBI de Brasil, Argentina crece 0,25%". ¿Quiénes se alarman, entonces? Los que tiran para atrás y desean el fracaso nacional. Por delante queda pulverizar los retazos que aún prevalecen del populismo y esto es un avance para Sudamérica. El 55% del electorado brasileño votó en contra de la oligarquía corrupta del PT y pospuso la crisis económica en el momento de sufragar. Algo parecido ocurrirá en octubre de 2019 en nuestra patria. Las cúpulas partidarias de la Vieja Argentina siguen adheridas a la práctica retrógrada que sólo el Círculo Rojo y los militantes entienden y avalan. La inmensa mayoría de los argentinos -como los brasileños- desoye los relatos del troskirchnerismo y de cualquier fuerza partidaria que busca emular situaciones del pasado. La corrupción será uno de los grandes electores y las chances electorales de Maurico Macri se acrecientan teniendo en cuenta que enfrente la oposición opta por los barquinazos, y un día se ubica a la izquierda y luego a la derecha sin definir identidades concretas y acordes a la época que vivimos.

Nadie se ilusione con la irrupción de un Bolsonaro argentino. Quien pretenda imitarlo quedará fuera de carrera. La Argentina destruyó a sus Fuerzas Armadas y denostó a sus soldados que vencieron a la subversión marxista y pelearon con patriotismo inigualable en la Guerra del Atlántico Sur. La inexistencia actual de militares involucrados en política es el resultado de aquella destrucción suicida.

Sin dudas que Bolsonaro nos despierta esperanzas para librar la madre de todas las batallas en Sudamérica que es la derrota definitiva del populismo mafioso de Los Moyano, Los Kirchner y Los Bergoglio. La región ha dado un paso al frente. La Argentina lo dio el 10 de diciembre de 2015 y persevera todavía en la consecución de sus objetivos originarios con avances institucionales y retrocesos económicos, pero alumbrará en el mediano plazo una República triunfante como mandan la Constitución Nacional y las leyes.




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