martes, 4 de agosto de 2020

Danza con lobos de Wall Street

Finalmente, el cuarto gobierno kirchnerista anunció un acuerdo con los bonistas externos, envuelto en el relato de la impostura populista. Con frialdad calculada, San Martín Guzmán de los Mercados Emergentes se sirvió del repertorio que más paga en el 48% que los votó: está resolviendo la deuda irresponsable contraída por el macrismo, a un 7% de interés, cuando en el mundo se ofrecían créditos a tasa 0. Miente. La composición de la deuda incluye bonos de los canjes de 2005 y 2010. Pero la tribuna antimacrista recibe alborozada estas fake news que sirven para embriagar a los soldados de la liberación imaginaria. El acuerdo era una exigencia de Cristina Kirchner, quien apostó siempre a salir de default. Un fracaso hubiera significado caos económico y una crisis terminal. Helicóptero para el vicario, exilio dorado de la Jefa en Cuba. También clamaban por el acuerdo el Círculo Rojo, la CGT obesa y los empresarios del Grupo de los 6, donde convergen las entidades más poderosas del país, entre ellas, el multimedio Clarín. ¿Le reconocerán a Sergio Massa su participación decisiva en el proceso negociador? Tarea para el hogar. El clima acuerdista le otorga al gobierno, que dormitaba en la lona, una bocanada de oxígeno. Ha resucitado el albertismo para algazara de la cáfila mediática que hizo campaña por un candidato supuestamente moderado y autónomo de la vicepresidente que lo hizo presidente. Otra vez SuperAlberto estadista, alto, rubio y de ojos celestes. Nuevo Menem sin patillas ni carisma caudillista. Son las reacciones inmediatas de los creadores de una estafa electoral, ahora revitalizada y en carrera hacia la solución de los desequilibrios económicos y financieros que han generado sus primeros ocho meses de gestión. El paso siguiente, a la firma del acuerdo con los bonistas externos, es el inicio de negociaciones para reestructurar la deuda con el FMI. Pero, a pesar de la euforia, si corremos la hojarasca malvinera, aparece la realidad cargada de impurezas y amenazante con las asignaturas acumuladas. Los embates por la colonización de la Justicia, los superpoderes del Jefe de Gabinete, las irregularidades en las compras de alimentos, la emisión descontrolada, la inflación reprimida, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicas, son apenas una ínfima enumeración de lo que, en el corto plazo, comenzará a desencadenarse. Mientras tanto, la patria locutora se desvive por mostrarnos el espectáculo nauseabundo de poderosos oportunistas que hacen ingentes esfuerzos por rendirle pleitesía a SuperAlberto, bailando torpemente la danza con lobos de Wall Street.

viernes, 31 de julio de 2020

Las andanzas de Cafierito



El primer informe de gestión del jefe de gabinete de ministros fue una de las puestas en escena más débiles del cuarto gobierno kirchnerista. Ocurrió el jueves 30 de julio. Sin embargo, pasó inadvertido porque la agenda mediática ha sido ocupada por la reforma judicial para la impunidad, obra maestra de los esclavos de Cristina Kirchner. Luego de ocho meses de gobierno y con un Congreso activo por la pandemia, Cafierito, luciendo los superpoderes otorgados por el presidente, visitó la Cámara de Diputados. Aleluya. El artículo 101 de la Constitución Nacional especifica que el jefe de gabinete “debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes, alternativamente a cada una de las Cámaras, para informar de la marcha del gobierno”. Horas antes había devuelto por escrito las más de mil preguntas que le formularan los integrantes del cuerpo legislativo. Respuestas desactualizadas, incompletas, comparaciones fuera de lugar, obcecada pretensión de culpar al gobierno de Mauricio Macri de todos los males. En el recinto apeló a un discurso plagado de consignas huecas. Es un pésimo orador y carece de aptitud, que llegó por el dedo presidencial. No despierta respeto intelectual. Sus fundamentos primarios adolecen de rigurosidad teórica. Con él, la hipocresía alcanza ribetes memorables. En su exposición –a paso de tortuga- hizo alarde de ser un practicante del “diálogo democrático”. Lógico. En nombre de una administración que se ocupa de denostar permanentemente a la oposición. Así el diálogo es monólogo. Artilugio mezquino y engañador que se agota en la tribuna. Pero el kirchnerismo posee la capacidad de transferir sus daños al ocasional adversario, que en su lenguaje bélico es el enemigo. Entonces aflora el discurso del odio. El odiador es el otro. Nunca el populismo que hegemoniza la representatividad del pueblo y que divide en dos sectores irreconciliables a la sociedad. Pueblo y antipueblo. Patria y antipatria. Cafierito, imbuido de realismo mágico, intentó deconstruir el discurso del odio, es decir, el discurso opositor. Así, inició su faena retórica echando mano a clichés de la socialdemocracia al Baño María: “nosotros practicamos los derechos humanos” o “el discurso del odio debilita nuestra democracia”. Privado de conceptualización innovadora su intervención verbal se fue diluyendo hasta perderse en una somnífera exposición. Sin embargo, diputados y diputadas kirchneristas salieron a reivindicar al “peronista de ley”, que se ufana de poner el pecho. El traje de compadrito le queda grande. Apenas es un bisoño de clase media acomodada, que -portación de apellido mediante- ocupa un alto cargo, vidriera eficiente para consumar papelones políticos.  

lunes, 27 de julio de 2020

Nos gobiernan los peores



Que un intendente del Conurbano profundo confiese que protege a vendedores de drogas ilícitas y luego reciba la solidaridad del gobierno provincial y de sus compañeros de partido, habla sin artificios de una sociedad corrompida hasta la médula. Me refiero a la sociedad a secas y no discrimino entre sociedad civil y sociedad política, porque la corrupción ha devenido en una monstruosa mancha de aceite diseminada por toda la geografía de la institucionalidad. Lo que observamos es un estado de corrupción que abruma, alarma y decepciona. En estos casos, el mejor aliado de Mario Ishii es la resignación. Porque es tanta la impotencia que sentimos ante un hecho delictivo  de estas características, que más de uno tiende a bajar los brazos. Listo. Ya está. ¿Qué vamos a hacer? Si el ministro de Seguridad lo encubre, si el gobernador lo encubre, si sus compañeros de partido lo encubren, quedan diluidas las posibilidades de depurar los estamentos corrompidos de la función pública. Existe una diferencia sustancial entre un pecador y un corrupto. El pecador se arrepiente. El corrupto reivindica su condición falsificando los hechos que lo condenan. El pecador se autocritica. El corrupto se victimiza. El pecador llega a tiempo a la humildad. El corrupto, de tan soberbio, es capaz de darnos clases de moral y buenas costumbres. Sergio Berni intentó ensalzar la figura de Ishii escudándose en el 60% de los votos que obtuvo en las últimas elecciones. Olvida que un delincuente aunque lo vote el 100% del electorado seguirá siendo un delincuente. Los vergonzosos argumentos esgrimidos por los cómplices del jefe comunal sincericida denotan una brutalidad y un desparpajo inconmensurables. ¿Cómo llamar a estos apologistas de la corrupción? ¿Cómo tolerar la mansedumbre judicial y de un sistema político descompuesto? Ishii es intendente por cuarta vez del municipio más indigente de la provincia de Buenos Aires. José C. Paz es la capital de la pobreza. Sin embargo, el populismo se enorgullece porque allí gana por paliza gracias al clientelismo y al maridaje mafioso entre narcos, políticos, policías y jueces. Por eso, consideramos oportuno exhumar el concepto kakistocracia, que alguna vez utilizó Jorge García Venturini para definir al tercer gobierno peronista. Hoy como ayer, en un escandaloso estado de corrupción, nos gobiernan los peores.


viernes, 24 de julio de 2020

Acuerdo o helicóptero



Todo en la Argentina se polariza para coleccionar fracasos. Tenemos una propensión atávica a tomar posiciones irreductibles. Llevamos en el alma la división. Dividirnos por cualquier cosa es nuestro deporte nacional. Sentimos una particular atracción por el choque de ideas, por quedarnos con la última palabra. Así vemos que el comentarista de espectáculos deviene en opinólogo, el encuestador en todólogo, el actor en politólogo. Sin ningún desparpajo la joven e ignota modelo irrumpe en un programa de chismes linchando a Mauricio Macri. “Con Macri estaríamos peor”, es la cantinela predilecta de los kirchneristas. Aburren. Repugnan. Indignan. La bajeza moral ha calado hondo. Admirar a los corruptos es propio de corruptos. ¿De qué grieta hablan los mercaderes del periodismo? A ellos les conviene que la política continúe divorciada de la ética. Consiguen más escándalos. El triunfo de Maquiavelo. Cualquier camino conduce a Roma. El fin justifica los medios, en nombre de la política, de la razón de Estado… Un presidente puede firmar un pacto con terroristas iraníes y buscará su exculpación en nombre de la política. Los actos políticos no son judiciables. Puede robar lo que se le plazca y si la Justicia investiga enarbolará el banderín desteñido del lawfer, la guerra judicial, la persecución ordenada por el neoliberalismo a los líderes populares. ¡Un disparate absoluto que repiten como verdad revelada! La división en boga gira en torno a un inminente acuerdo con tenedores de bonos privados por un monto cercano a los U$S 70.000 millones. De un lado, los acuerdistas, alistados en el oficialismo o en la oposición. Del otro, los antiacuerdistas, alistados en el sentido común. ¿Quién puede acordar con una gestión carente de responsabilidad y credibilidad? ¿A los bonistas no les interesa la seguridad jurídica, el respeto a las instituciones y a la propiedad privada? ¿O bonistas y kirchneristas forman parte de una misma jauría depredadora? Acuerdistas y antiacuerdistas esgrimen argumentos cerrados. Sin embargo, el tema es clave. Un acuerdo le facilitaría la gobernabilidad al cuarto gobierno kirchnerista. El default lo pondría contra las cuerdas por la cantidad de desatinos cometidos, antes y durante la cuarentena más larga del mundo, que puso a la economía en terapia intensiva. Pronóstico reservado. Además, el acuerdo no solo le daría suficiente oxígeno al gobierno, sino también a las empresas privadas que cargan suculentas deudas en su haber. La Vicepresidenta y Jefa del Populismo Regional avala el acuerdo, le implora al Presidente que deje de dar vueltas y firme de una vez. Sabe que el default es sinónimo de helicóptero. Y el helicóptero la llevaría sin escalas a la cárcel. O la condenaría al exilio, en Cuba.

martes, 21 de julio de 2020

El gallo de la veleta



En la lógica política de Cristina Fernández prevalece la prepotencia ideológica que anima su voluntarismo desalmado, superior a cualquier comprensión de la realidad. Es la marca distintiva de todo liderazgo mesiánico, arrollador de la disidencia e impugnador del debate institucional. Para la Jefa su voluntad es ley, y para sus seguidores, obediencia debida. En este universo de contradicciones y violencia solapada se maneja el Presidente Vicario, ejecutor de un plan de impunidad y mascarón de proa de una cáfila de oportunistas sostenidos y unidos en la avidez por las prebendas que da el poder. Asistimos, por tanto, a un tiempo histórico que deja perplejo al más escéptico. La infinidad de desatinos cometidos por la actual administración -en todos los órdenes- ha sido posible por la cuarentena  y la dosificación del terrorismo sanitario. Pero la declinación económica, la vulgaridad diplomática y el fracaso en las negociaciones con los acreedores internacionales han pulverizado la credibilidad del cuarto gobierno kirchnerista. Aunque estas imprudencias no figuren en el manual del populista exquisito de la Jefa, son la forma de una gestión enredada en el discurso pendular del Presidente Vicario que, en cuestión de horas, modifica posiciones gubernamentales a la velocidad del viento que sopla desde el Instituto Patria. Sin embargo, permítasenos hacer uso del derecho a dudar. Todavía no sabemos, a ciencia cierta, si los porrazos del Presidente Vicario son fruto del verticalismo orgánico impuesto por la Jefa o si, a veces, por mantener viva la llama del albertismo que ilusiona al Círculo Rojo, adopta medidas en soledad asumiendo los costos. En estas condiciones, la salida de la cuarentena facilita la imaginación de escenarios catastróficos. A ello coadyuva la restauración del relato patriotero bajo la guía espiritual de la Jefa, mientras el ministro Guzmán intenta alejar el fantasma del default, que ocasionaría daños impredecibles para el sector privado. Así las cosas, en poco más de siete meses, el cúmulo de desaciertos del Presidente Vicario ha determinado la aceleración del proceso decadente abierto el 10 de diciembre de 2019. La institucionalidad –más que nunca- corre peligro. Impávido, el gallo de la veleta sigue girando.


domingo, 19 de julio de 2020

Gobierno de unidad nacional



Los operadores del Círculo Rojo han instalado que la grieta es una consecuencia de los extremos políticos personalizados en Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Nada más alejado de la realidad. Macri representa el centro federal, liberal y republicano. Colocarlo a la misma altura de la jefa populista es un absurdo. Todas las acciones de la expresidente apuntan a cerrar las causas judiciales que le quitan el sueño, mientras que MM despliega una estrategia basada sobre la defensa de los valores de la democracia que sintetiza Juntos por Cambio, una coalición legislativa organizada y unida por encima de cualquier factor disolvente de la institucionalidad. Hoy por hoy JxC se erige como la fuerza política más eficiente para frenar a la antidemocracia. Pero el Círculo Rojo está empeñado en anular los liderazgos tanto de CFK como de MM. Un dislate propio de enajenados. Para sostener a Alberto Fernández algunos iluminados con faroles pergeñan un gobierno de unidad nacional incorporando a figuras “potables” de JxC. Esta maniobra puede esconder el veneno letal de la división opositora. Sergio Massa –desde la perspicacia- reivindica a un sector de la oposición (ala dialoguista), pero comete la imprudencia de creer que es el momento ideal para apartar a varios dirigentes de MM. El documento Unidos en la diversidad fue una firme convocatoria al diálogo y al diseño de un plan de salvataje poscuarentena. Lo firmaron justicialistas y numerosas personalidades, además de los jefes partidarios de JxC.  Sin dudas, viene una etapa indescifrable. La cuarentena más larga del mundo destruyó 300.000 puestos de trabajo en blanco y provocó el cierre de miles de pymes. Los pronósticos económicos se reparten entre quienes son optimistas y estiman una reactivación regular a corto plazo, y los que anuncian una catástrofe peor que la de 2001. Hemos quedado ante una nueva disyuntiva histórica. Así las cosas, es poco convincente un gobierno de unidad nacional. Suena a trampa, a albertismo oportunista, a mezclar la hacienda. Con un Presidente averiado por sus constantes contradicciones que dan vergüenza ajena, con el fuego amigo que lo debilita peligrosamente, con la pasividad de un gabinete comiteril que solo se ocupa de linchar por los medios a MM, el panorama global de la Argentina nos recomienda prudencia y firmeza. El populismo y la República definen el futuro en este presente en ruinas. Una línea moral los separa. Por eso no habrá que dudar cuando tengamos que agarrar la bandera celeste y blanca y salir a las calles de la Patria…

sábado, 11 de julio de 2020

Odio sin medida ni clemencia


Se desató una guerra semántica. El significado de la palabra odio pasa a ocupar el sitio que en la sensiblería vulgar ocupa "amor". En algunos sectores sociales se observa una hiperinflación de amor. "Hola mi amor", "sos mi amor", "te quiero mi amor"... A los chicos se les enseña a decir "te amo, abuela", o expresiones por el estilo. Lo concreto es que la palabra amor está más devaluada que el peso. El populismo gobernante se ha propuesto hegemonizar la administration del odio. La oposición odia, Macri odia, la derecha odia. Esta costumbre de colgarle el sambenito del odio a los grupos antiperonistas viene de lejos. En el primer peronismo los adversarios eran los odiadores porque -según la propaganda peronista- no querían que los cabecitas negras anduvieran por la calle Florida o veranearan en Mar del Plata. Vamos a disentir con esa mirada cargada de resentimiento clasista de uno y otro bando. Jauretche escribió Los profetas del odio, para anatemizar a la clase media colonizada, según él. Es decir, para degradar y ridiculizar a quienes aspiran a vivir mejor sin comulgar con el populista estatista, dueño de la palabra pueblo. El ascenso de la chabacanería al poder y su rechazo no es una cuestión de amor u odio. Es sentido común. Endiosar a los de abajo y condenar a los de arriba es una típica maniobra discursiva del populismo que hace de la demagogia su relato preferido para persuadir idiotas. Lo correcto es manifestar un prudente repudio a cualquier relato hipócrita que trata de blindar las tropelías delictivas de los corruptos. La guerra semántica está declarada y en ella nos hemos involucrado porque somos ciudadanos y no esclavos planeros ni alienados ideológicos. Bienvenido, entonces, el odio sin medida ni clemencia a los corruptos, a la impunidad y a la antidemocracia. Porque ahí radica la única grieta válida, la moral, que también celebramos. ¿O vamos a caer en la trampa de cerrar la grieta política para que nunca rindan cuentas ante la Justicia los saqueadores y destructores de la Argentina?