viernes, 24 de julio de 2020

Acuerdo o helicóptero



Todo en la Argentina se polariza para coleccionar fracasos. Tenemos una propensión atávica a tomar posiciones irreductibles. Llevamos en el alma la división. Dividirnos por cualquier cosa es nuestro deporte nacional. Sentimos una particular atracción por el choque de ideas, por quedarnos con la última palabra. Así vemos que el comentarista de espectáculos deviene en opinólogo, el encuestador en todólogo, el actor en politólogo. Sin ningún desparpajo la joven e ignota modelo irrumpe en un programa de chismes linchando a Mauricio Macri. “Con Macri estaríamos peor”, es la cantinela predilecta de los kirchneristas. Aburren. Repugnan. Indignan. La bajeza moral ha calado hondo. Admirar a los corruptos es propio de corruptos. ¿De qué grieta hablan los mercaderes del periodismo? A ellos les conviene que la política continúe divorciada de la ética. Consiguen más escándalos. El triunfo de Maquiavelo. Cualquier camino conduce a Roma. El fin justifica los medios, en nombre de la política, de la razón de Estado… Un presidente puede firmar un pacto con terroristas iraníes y buscará su exculpación en nombre de la política. Los actos políticos no son judiciables. Puede robar lo que se le plazca y si la Justicia investiga enarbolará el banderín desteñido del lawfer, la guerra judicial, la persecución ordenada por el neoliberalismo a los líderes populares. ¡Un disparate absoluto que repiten como verdad revelada! La división en boga gira en torno a un inminente acuerdo con tenedores de bonos privados por un monto cercano a los U$S 70.000 millones. De un lado, los acuerdistas, alistados en el oficialismo o en la oposición. Del otro, los antiacuerdistas, alistados en el sentido común. ¿Quién puede acordar con una gestión carente de responsabilidad y credibilidad? ¿A los bonistas no les interesa la seguridad jurídica, el respeto a las instituciones y a la propiedad privada? ¿O bonistas y kirchneristas forman parte de una misma jauría depredadora? Acuerdistas y antiacuerdistas esgrimen argumentos cerrados. Sin embargo, el tema es clave. Un acuerdo le facilitaría la gobernabilidad al cuarto gobierno kirchnerista. El default lo pondría contra las cuerdas por la cantidad de desatinos cometidos, antes y durante la cuarentena más larga del mundo, que puso a la economía en terapia intensiva. Pronóstico reservado. Además, el acuerdo no solo le daría suficiente oxígeno al gobierno, sino también a las empresas privadas que cargan suculentas deudas en su haber. La Vicepresidenta y Jefa del Populismo Regional avala el acuerdo, le implora al Presidente que deje de dar vueltas y firme de una vez. Sabe que el default es sinónimo de helicóptero. Y el helicóptero la llevaría sin escalas a la cárcel. O la condenaría al exilio, en Cuba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario