lunes, 27 de julio de 2020

Nos gobiernan los peores



Que un intendente del Conurbano profundo confiese que protege a vendedores de drogas ilícitas y luego reciba la solidaridad del gobierno provincial y de sus compañeros de partido, habla sin artificios de una sociedad corrompida hasta la médula. Me refiero a la sociedad a secas y no discrimino entre sociedad civil y sociedad política, porque la corrupción ha devenido en una monstruosa mancha de aceite diseminada por toda la geografía de la institucionalidad. Lo que observamos es un estado de corrupción que abruma, alarma y decepciona. En estos casos, el mejor aliado de Mario Ishii es la resignación. Porque es tanta la impotencia que sentimos ante un hecho delictivo  de estas características, que más de uno tiende a bajar los brazos. Listo. Ya está. ¿Qué vamos a hacer? Si el ministro de Seguridad lo encubre, si el gobernador lo encubre, si sus compañeros de partido lo encubren, quedan diluidas las posibilidades de depurar los estamentos corrompidos de la función pública. Existe una diferencia sustancial entre un pecador y un corrupto. El pecador se arrepiente. El corrupto reivindica su condición falsificando los hechos que lo condenan. El pecador se autocritica. El corrupto se victimiza. El pecador llega a tiempo a la humildad. El corrupto, de tan soberbio, es capaz de darnos clases de moral y buenas costumbres. Sergio Berni intentó ensalzar la figura de Ishii escudándose en el 60% de los votos que obtuvo en las últimas elecciones. Olvida que un delincuente aunque lo vote el 100% del electorado seguirá siendo un delincuente. Los vergonzosos argumentos esgrimidos por los cómplices del jefe comunal sincericida denotan una brutalidad y un desparpajo inconmensurables. ¿Cómo llamar a estos apologistas de la corrupción? ¿Cómo tolerar la mansedumbre judicial y de un sistema político descompuesto? Ishii es intendente por cuarta vez del municipio más indigente de la provincia de Buenos Aires. José C. Paz es la capital de la pobreza. Sin embargo, el populismo se enorgullece porque allí gana por paliza gracias al clientelismo y al maridaje mafioso entre narcos, políticos, policías y jueces. Por eso, consideramos oportuno exhumar el concepto kakistocracia, que alguna vez utilizó Jorge García Venturini para definir al tercer gobierno peronista. Hoy como ayer, en un escandaloso estado de corrupción, nos gobiernan los peores.


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